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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • La Política Nacional de Defensa

Londres. Hace poco más de tres años, 30 de julio de 2013, fue entregada al Presidente de la República, ese documento, creado por primera vez en la historia de México, pretende ser la guía que articule e inserte en el desarrollo del país, a las Fuerzas Armadas. Turnado a su vez al secretario de Gobernación, hasta el momento no hay noticia alguna de su destino, utilidad, consideración o discusión. Más aún, si se toma como referencia la propuesta de egresos enviada por el Poder Ejecutivo al Congreso de la Unión, el recorte aplicado al sector defensa, denota la ausencia de una visión programática y en verdad estratégica, sobre esta sensible y determinante área.

Los presupuestos multianuales, como sucede en Francia o la relación estrecha que hay entre la política de defensa y el presupuesto anual, como ocurre en Estados Unidos, representan casos para la administración de la agenda de defensa y seguridad, ajenos a los vaivenes políticos, electorales y coyunturales, para entonces recurrir a los argumentos que se orientan por los superiores intereses de la nación. La forma en que se han asignado los recursos a las Secretarías de Defensa Nacional y de Marina Armada de México se aproximan a la inconsistencia con que se abordan los temas de seguridad nacional en el Congreso de la Unión. ¿Hay algún avance, aunque sea mínimo, en la materia?

Como se puede observar, los riesgos son mayores cuando se vive una situación de creciente desafección social, a las determinaciones que toma la autoridad civil en materia de seguridad pública. Los indicadores de los delitos de alto impacto siguen a la alza, persiste la improvisación en la aplicación de programas y medidas, y mientras tanto, el común denominador es que se mantiene la recurrencia en la utilización de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública. Tanto Vicente Fox como Felipe Calderón, sentaron el negativo precedente de no persistir en construir para sus soldados, marinos y pilotos, los recursos políticos, legales y presupuestales que como Comandantes Supremos tenían la obligación de hacerlo. Ahora, ojalá y no sea así, pero nos aproximamos a esa misma conclusión.

Las fórmulas para que las Fuerzas Armadas acompañen al desarrollo de las sociedades son múltiples y de mucha utilidad. Pensemos por ejemplo, en los beneficios que genera la construcción de embarcaciones de la Armada de México. Desde la demanda de manufacturas y suministros, hasta el establecimiento de restaurantes y centros comerciales en el entorno de los astilleros, lleva a que se creen polos de desarrollo económico. Otro tanto sucede con la centenaria industria militar que demanda la concurrencia de diversas áreas científicas y convenios con instituciones de educación superior, sobre todo de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional. Me pregunto: ¿todo esto es gasto o inversión para él país? Sin duda, es inversión.

Contar con una Política Nacional de Defensa, permite planear en función de la proyección de los intereses de México y no en la cortedad y condicionamientos de los procesos electorales, como suelen tomarse muchas decisiones en nuestro país. Incluso el mismo presidente Enrique Peña Nieto ha expresado que no obstante las críticas a su mandato, él tomó las decisiones apropiadas para llevar adelante las reformas estructurales, que hasta pasada su administración, aportarán los resultados esperados. Lo mismo puede hacerse con el sector defensa. Así se planea en varias partes del mundo.
javierolivaposada@gmail.com