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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva
  • Sinaloa. Situación límite para la nación

LONDRES. De acuerdo con la página de internet (barrett.net) del fabricante del fusil “Barrett”, en sus diversos modelos, pero siempre con un poderoso calibre .50, es de acuerdo a los estándares mundiales, un arma utilizada por la Organización del Tratado Atlántico Norte, dados sus muy elevados y efectivos recursos destructivos y neutralización de objetivos enemigos. Es tal su capacidad de fuego, que en los Estados de California y Nueva York, está prohibida su venta. Este tipo arma fue la que usaron los asesinos de los soldados del Ejército Mexicano, el pasado 30 de noviembre, en Culiacán, pero además cargado con un tipo especial de munición penetrante/incendiaria.

Dos días después, se incautó un importante arsenal en esa misma ciudad, y se decomisaron, dos fusiles Barrett. Aquí es fundamental, analizar, qué papel juegan las autoridades de Estados Unidos, que con todo y que sus leyes lo permitan, es posible que ese tipo de armas, que “solo pueden ser vendidas a Gobiernos en el caso de que las autoridades lo permitan”, según se lee en la referida página de internet, lleguen a manos asesinas. Delincuentes, que por su accionar, están poniendo en riesgo la viabilidad de las instituciones, al menos, a nivel local, con una pasiva y muy peligrosa actitud de la sociedad, que prefiere no denunciar dados los elevadísimos niveles de desconfianza que hay hacia las corporaciones policiacas y de procuración de justicia. Es un escenario, en pocas palabras, crítico.

Aunque con cierto retardo, las expresiones de solidaridad y apoyo a las Fuerzas Armadas y en este caso en particular, al Ejército Mexicano, a la vez, son evidencia de la dimensión del peligro que corre el país de continuar por esa pendiente de violencia, corrupción, dejadez, impunidad y descoordinación. La capacidad de organización, adiestramiento y malsana efectividad mostrada por un numeroso grupo de criminales, no es posible sin la connivencia, convivencia o miedo de parte de las autoridades locales. Los recursos tecnológicos como los que hay en los C-4 y C-5 en los Estados de la República, permiten detectar de inmediato, desplazamientos tan notorios como los de siete u ocho camionetas de grandes dimensiones. Además, el auxilio de las policías locales, llegó cuarenta minutos (¡?) después de iniciado el asalto al convoy militar.

La sevicia demostrada en el ataque, llevó con justificada razón, a que el General Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, pronunciara un sentido y crucial discurso en la ceremonia luctuosa de los bien llamados “héroes del presente”. Sentido, porque transmitió de forma clara lo que piensa él y los integrantes de las Fuerzas Armadas. Y crucial, por el exhorto lanzado a la sociedad para que de una vez por todas y sin titubeos, acompañe a la única, efectiva, real y consistente institución que está desde hace más de diez años en la primera línea de confrontación y sometimiento al crimen organizado: las propias Fuerzas Armadas.

Una vez iniciado el quinto año de Gobierno, los Poderes Legislativo y Judicial, debieran tomar en serio, pues en los hechos no ha sido así, la forma en que puede hacérsele frente a un antagonismo que sigue creciendo ante la insensibilidad de numerosos funcionarios públicos. No ha habido ni estrategia ni políticas consistentes. Sí en cambio, abundan los ejemplos de respuestas intempestivas y reacciones, de improvisaciones y por lo tanto, de frecuentes errores. ¿Hay que esperar otro caso como el de Culiacán, para que se actúe con determinación? Creímos que el derribo del helicóptero Cougar el 1 de mayo de 2015, había sido el límite.
javierolivaposada@gmail.com