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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • Donald Trump: entre la legitimidad y la legalidad

LONDRES. Como sabemos, el próximo 20 de enero jurará como el presidente número 45 de su país, un ahora reconvertido político, que por una serie de características ya muy comentadas, se apresta a transformar al menos, las relaciones políticas hacia el interior y exterior de su país. No creo exagerar, si teniendo como base la irrupción de arrebatos, plasmados en sus tuits, las decisiones erráticas e intempestivas, le comiencen a generar de inmediato, problemas no solo de aceptación en su país, sino también en el escenario mundial.

La legitimidad es siempre una preocupación y prioridad de los gobernantes, en cualquier época y niveles de responsabilidad. Las bases de la legitimidad se mantienen en la democracia plural y liberal, mediante el triunfo en las urnas y en el ejercicio cotidiano de las atribuciones que la ley impone a los tomadores de decisiones. De tal forma, que la cotidianidad es la fuente de aceptación social a las propuestas y forma de concretarlas, por parte de la clase gobernante y la burocracia.

La pérdida de la legitimidad, si bien puede cuantificarse en sondeos de opinión y encuestas sobre los niveles de popularidad y aprobación, los gobernantes también pueden padecer el rechazo, mediante pequeñas muestras de rechazo, pero que en la suma, propician un ambiente, que en los peores casos, concluye con muy graves crisis políticas. Hasta el día de hoy, en el recta final del año, se hacen los preparativos de los dos días de ceremonias oficiales para la llegada del nuevo huésped a La Casa Blanca. No hay algún artista que haya confirmado su participación. Incluso un popular grupo de bailarinas que ya está confirmado, su gerente ha señalado, que las integrantes no están obligadas a participar en una breve presentación acordada para el día 19. La decisión es personal y que en forma alguna, puede haber un castigo o sanción a quienes no deseen hacerlo.

Sí en cambio, hay una serie de convocatorias para manifestarse en contra del virtual Presidente. Un dato sensible: es la primera ocasión en que las mediciones de popularidad del Presidente saliente en Estados Unidos, es superior a la del entrante. Otro aspecto, es también la forma en que las comunidades raciales e incluso, gobernadores y alcaldes en donde residen significativas expresiones de esa diversidad étnica y religiosa, han anunciado la preparación de recursos legislativos, legales y mediáticos para evitar abusos de la autoridad y sobre todo, las tan temidas deportaciones masivas.

Si con ese apresurado balance, más la información que en su entorno debe generarse, Donald Trump no asume posturas de menor confrontación, sus pérdidas de legitimidad pueden aumentar rápidamente. En forma alguna puede dejarse de lado, que si bien de acuerdo con las leyes de su país, ganó la elección, en el voto ciudadano, perdió por casi tres millones de votos, que equivale al 2.8 por ciento de los sufragios emitidos el 8 de noviembre. De tal forma, que ese dato es crucial para considerar el claro rechazo a su trayectoria y propuestas expresadas durante la campaña electoral.

La legalidad, como guía y contención del gobernante, obliga a que las leyes sean aplicadas sin distingo, empezando con las élites de todo perfil. De tal forma, que Trump, al expresar que la ONU, es una especie de club social, o que sus intereses como empresario/Presidente electo, por abrir un hotel en Taiwán, modifiquen las estructuras en las relaciones con China, son aspectos que pueden resultar innovadores, pero afectan al marco jurídico internacional. Espero que tengamos un feliz y saludable 2017.

javierolivaposada@gmail.com