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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • Cambio de prioridades en la Secretaría de Relaciones Exteriores

Con la designación del pasado miércoles 4, durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, han sido tres los titulares de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). José Antonio Meade, Claudia Ruiz Massieu y ahora, Luis Videgaray. Todos sin experiencia alguna ni perfil apropiado para un cargo que tanto ha significado en la vida del sistema político y del México posrevolucionario. Además en un contexto mundial, en donde las reliquias de la Guerra Fría en Latinoamérica, requerían de una atención especial y de forma simple y sencilla, se desatendieron y dejaron pasar. Ni qué decir de decisiones erráticas –cambio precipitado de Embajador, ante la inminencia del nuevo Presidente de Estados Unidos.

Como sabemos, la problemática que encierra la consecuente y constante rotación y sustitución de subsecretarios y otros altos funcionarios dentro de la SRE o cualquier otra dependencia, conduce y termina por afectar la continuidad y especificidad de los objetivos para proyectar/fortalecer los intereses nacionales. Más aún si se considera la confusión prevaleciente desde hace varios sexenios, al menos desde Carlos Salinas de Gortari, cuando los negocios internacionales se sobrepusieron a la diplomacia.

Si como se supone, el factor de la muy polémica visita del entonces candidato del Partido Republicano a nuestro país, fue decisivo para la nueva designación de Videgaray Caso a la titularidad de Relaciones Exteriores, se estaría dando una fehaciente muestra de precipitación e inmediatez. Espero estar completamente equivocado. De lo contrario, hay que recordar que hay una subsecretaría de Asuntos para América del Norte, que atiende de forma exclusiva a esa región del Continente (y me parece una asignación excesiva, en fin).

Lo coyuntural y estructural –por sus efectos a largo plazo-, no hay duda, es la nueva administración en la Casa Blanca a partir del 20 de enero. Las variables que ha comenzado a manejar el Presidente electo de Estados Unidos, expresadas insistentemente durante su campaña electoral, son un serio y decisivo llamado de atención, para formular una política exterior diversificada pero sobre todo, orientada a la defensa de la integridad y derechos humanos de los mexicanos y sus comunidades, que en cualquier situación, viven en ese país. Pero llegar al punto de nuevas definiciones a escasos 13 días de la jura del cargo, se opta de nueva cuenta, por la respuesta reactiva.

Y más ha servido la designación del titular de Relaciones Exteriores, para que en los medios de comunicación y los comentaristas, retomen con fuerza el tema de la sucesión presidencial dentro del partido gobernante. Como si en este momento fuera un asunto de que con un nombre se resolviera la delicada problemática interna y externa que vive el país. En una pendiente de conflictos, que a querer o no, se ven soliviantados desde las condiciones que vienen de la cancelación de inversiones y por lo tanto, de la eliminación de posibles fuentes de trabajo formales con las correspondientes recaudaciones fiscales. Toda una pérdida.

En el mismo sentido coyuntural/estructural, pueden contarse los complejos asuntos de seguridad binacional y regional de México, no solo con Estados Unidos, sino con el resto del Continente. La creciente capacidad de los grupos criminales para utilizar los recursos que ofrecen la informática, internet y las redes de comunicación digitales en general, implican un desafío a la comunidad internacional y que por su ubicación geopolítica, nuestro país, resulta ser un escenario propicio para las diversas actividades ilegales. Empezar de nuevo en este momento, más que un peligro, un paso que puede costarle al país mucho de lo que hasta ahora se ha logrado.
javierolivaposada@gmail.com