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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • El hombre y la historia

Durante muchos años, al menos desde que el neoliberalismo se instaló como el centro de la referencia ideológica de las funciones del Estado y de la dinámica económica basada en la productividad, libre mercado y especulación, no había habido quién ni cómo se cuestionaran esas afirmaciones. Donald Trump se ha ubicado en el sentido histórico del proteccionismo, el aislamiento, el racismo, sexismo y otras características de un mundo que parecía superado. No fue así.

El día de hoy, al jurar el cargo como Presidente de Estados Unidos, leemos cosas inverosímiles: China se asume, como país auto referenciado comunista, encabeza el pelotón de las potencias en favor del libre mercado. Y en la otra orilla, Trump, promotor del aislamiento y contención a voluntad de las dinámicas de la economía. Y todo esto, a partir de voluntarismo y perjuicios que no hicieron otra cosa que traer a la superficie, lo que en realidad es la naturaleza de una parte minoritaria de la sociedad estadunidense. La capacidad y tesón demostrado por Trump se ha impuesto así, a las aparentes verdades insuperables del neoliberalismo y del libre mercado.

Desde una posición de poder, con influencia y proyección mundial, se encuentra en condiciones de aletear la lógica que desde hace décadas, se asumió como “natural”; veremos cómo en los próximos días, aplicará varias de las medidas que anunció durante la campaña electoral y aún, como Presidente electo. Acercamientos con Rusia, descalificación de los servicios de seguridad e inteligencia de su país, desprecio por las críticas de cualquier personalidad que no se sume a su proyecto, son tan solo una de las referencias que los medios de comunicación y especialistas a nivel mundial han asumido como elementos constitutivos de su personalidad.

No recuerdo en años recientes, que una persona en posición de poder haya tenido la expectativa de modificación o alteración de la ruta y lógica del proceso histórico en el mundo o en alguna parte de él. En ese sentido, hay que analizar, por difícil o incómodo que parezca en primera instancia, las razones por las cuales Trump es Presidente de Estados Unidos, a partir de los argumentos y explicaciones que ofreció durante poco más de un año antes de llegar a La Casa Blanca. Es momento de que hagamos una prudente y detenida reflexión para explicarlos que sucedió y así poder estar en condiciones de saber o adelantar qué puede suceder.

Muy lejos del miedo o la inútil especulación sobre “cómo nos va a ir”, ya nos “está yendo”, ante la falta de medidas articuladas. Cómo país, evidenciamos respuestas e intenciones inmediatas. Boicots desde municipios hasta empresas privadas, a adquirir bienes de consumo de empresas automotrices que han adelantado la decisión de retirar planes de inversión en México como consecuencia directa de presiones ejercidas por Trump. Nuestro país reclama la articulación de medidas que convoquen a la unidad mediante el necesario liderazgo institucional, frente a una personalidad que no hay duda, cambiará la historia del mundo. Tal y como en su momento y en otra dirección lo hizo Barack Obama. Recordemos el espíritu y actitud festiva de la toma de posesión de quien era el primer Presidente no anglosajón en la historia de su país. Hoy el espíritu es sombrío e incluso de miedo. Es así, que una persona y su circunstancia pueden alterar el rumbo de la historia, cuando suponíamos que eso ya lo era imposible, sino incluso impensable. Quizá haya algo de aleccionador en todo esto: que el hombre, la mujer aún pueden cambiar la historia, aunque esta parezca inalterable.

javierolivaposada@gmail.com