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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • El valor de la lealtad
  • Javier Oliva Posada

Como cada 9 de febrero se conmemora en el Castillo de Chapultepec la marcha que con Columna de Honor hicieron los cadetes del Colegio Militar, para escoltar al presidente Francisco I. Madero, que iría a Palacio Nacional a defender la voluntad democrática de los mexicanos, asediada por un grupo de incidentes. El hecho quedó registrado como uno de los episodios que le han dado sentido y lógica a la mística de las Fuerzas Armadas de nuestro país en la era moderna.

Ayer, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, en un interesante y oportuno discurso, refirió además del episodio mismo de 1913, una serie de señalamientos que deben analizarse y comentar. De hecho, sabemos que dentro del análisis político y del discurso, cualquier pronunciamiento de un líder militar como es el caso, tiene por sí mismo relevancia y sustancia. Destinatarios presentes y no en el evento, deben leer con precisión dichos mensajes. Por supuesto que en esta ocasión no fue diferente. La cuestión es el contexto nacional e internacional bajo el cual se leyó una intervención delante de los representantes de los tres Poderes de la Unión, así como agregados militares, empresarios y otros invitados.

En medio de una serie de supuestos, filtraciones, rumores y especulaciones sobre una muy remota posibilidad para el envío de tropas de Estados Unidos, alimentadas desde el mismo presidente de ese país y de su equipo de colaboradores en la Casa Blanca, así como por el natural inicio de actividades entre ese Gobierno y el de México, es que se han sucedido una serie de desencuentros, que debe decirse con claridad, tienen su origen y proceden de una muy clara ofensiva contra los mexicanos y México. Pero también en cuanto a la dinámica interna, el mensaje del general Cienfuegos adquiere notoriedad, pues a diferencia de otros pronunciamientos, él hizo una amplia y argumentada explicación respecto de la lealtad y la relación de ese valor con el pueblo, las instituciones y la democracia.

El llamado a la unidad nacional, con lealtad a la Patria, fue interrumpido hasta en tres ocasiones por los cientos de invitados al Castillo de Chapultepec. La primera, luego de haberse guardado un respetuoso minuto de silencio por aquellos mexicanos que en años recientes han caído en la lucha contra el crimen organizado, entregando su vida por la Patria. La segunda, cuando hizo alusión a la inquebrantable vocación de servicio de las Fuerzas Armadas hacia la sociedad, las instituciones y la nación. Y la tercera, cuando recordó que México cuenta con un Ejército, Fuerza Aérea y Armada, dispuestas en cualquier momento y en cualquier circunstancia, a estar al frente y al lado, para defender los intereses de la nación.

Me parece que en situaciones en donde, como a todos los países les sucede, hay acechanzas externas y peligros internos, la capacidad de cada sociedad para poder salir adelante, depende en esencia de carácter y determinación de sus liderazgos en general. Por eso, cuando hacia la parte final de su importante discurso, el general Salvador Cienfuegos reiteró esa vocación de lealtad institucional, popular y democrática, ubicó a las Fuerzas Armadas, como uno de los fundamentales recursos tangibles -como evidencia de defensa de la independencia y soberanía- e intangible -como referente fundamental de los valores de la Patria- siempre dijo, al servicio de la Nación. Es así, como se fijó ayer una postura militar y doctrinaria que debe ser leída y atendida, dentro y fuera del país.
javierolivaposada@gmail.com