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Poder nacional

  • Javier Oliva Posada

Ahora sí. Trump, candidato presidencial

LONDRES, Inglaterra.- Salvo una insólita decisión de la Convención Nacional del Partido Republicano –posibilidad que se manejó hasta hace unas semanas-, el aspirante por ese partido será quien ha representado de mejor manera, las más acendradas raíces de una parte muy representativa de la sociedad estadunidense. Ya sin especulaciones de por medio, Donald Trump, de acuerdo con un conteo realizado por la agencia noticiosa “The Associated Press”, logró mil 238 delegados de los mil 237 necesarios. A falta de la cita en California el próximo martes 31, donde competirá sin rivales, su candidatura presidencial es un hecho.

Las especulaciones sobre la posibilidad de su triunfo en las elecciones de noviembre próximo dejan el paso a la formación de escenarios en donde hasta la Bolsa de Valores de Nueva York, observará nerviosismo. No se diga el proceso del referéndum en el Reino Unido del 23 de junio, para permanecer o no en la Unión Europea, sino también, en general, el impulso que recibirán las posturas xenófobas y racistas en Europa. Las preocupaciones respecto de las consecuencias de un fortalecimiento del movimiento conservador aislacionista, pueden producir una extraña alianza entre los partidarios del libre mercado y de la democracia social, pues al final, desde distintas posiciones, se enfrentan al mismo adversario.

Canadá y México, por sus características geopolíticas, tienen particular interés en las campañas presidenciales y sus resultados, por supuesto. Justin Trudeau, que acaba de iniciar su mandato, compartirá la mayor parte de su ejercicio como Primer Ministro, con quien tome posesión de la Casa Blanca el 20 de enero de 2018. Por su parte, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, concluirá su mandato con él o la triunfadora de los comicios en Estados Unidos. Es de la mayor relevancia considerar también, que quien vaya a ejercer la Presidencia de la República en nuestro país compartirá casi la mitad de su sexenio con quien triunfe de la contienda entre Trump y casi seguro, Hillary Rodham Clinton.

Las prioridades de cada uno de los tres países, observará, como sucede con el ejercicio de la democracia, ajustes. Las visiones, prioridades, expectativas y antagonismos deben quedar claramente establecidos para a partir de allí, poder construir o al menos compartir las bases de una agenda común. Si en México hay aspirantes a la candidatura presidencial con una visión articulada y en verdad estratégica, deberán ir tomando posiciones respecto de los debates, contenidos, aliados y desarrollo de las principales tesis de los aspirantes estadunidenses. Y no porque se trate de conceder o aceptar un protagonismo, que de por sí tiene la Presidencia de aquel país, sino para estar mejor preparados cuando llegue el momento del acercamiento.

Más allá de las inútiles anécdotas sobre los planteamientos de Trump, de las ironías sobre sus ataques y descalificaciones en particular a los mexicanos y a México, es de esperar que se construyan los lineamientos específicos y no respuestas “a modo” e improvisadas como las que ahora caracterizan a la política exterior de nuestro país. Las expectativas en las relaciones con los Estados Unidos, desde México, tienen que sobrepasar la coyuntura política e institucional interna del cambio de Presidente (o Presidenta). Si se sigue actuando en función de la inmediatez, los resultados de forma natural, serán anacrónicos.

javierolivaposada@gmail.com