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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • México ante las nuevas dinámicas militares y de poder
  • Javier Oliva Posada

Londres. En realidad, la Guerra Fría es una etapa -prolongada, eso sí-, en la rivalidad que observan Rusia y Estados Unidos en nuestros días. Bajo distintas premisas (ideológicas) pero con las mismas bases (geopolíticas), se disputan hegemonías regionales, acudiendo a aliados locales o utilizando los recursos que la disuasión permite. Lo anterior y a pesar de los inocultables compromisos del nuevo equipo en la Casa Blanca con el Gobierno de Vladimir Putin.

Lo anterior es importante tenerlo en consideración, pues de acuerdo con despachos de periódicos como el Washington Post, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos estarían desplazando miles de soldados a los teatros de operaciones en Siria, esto como una muestra del incremento de las tensiones en la zona, pero también por los potenciales beneficios para Rusia como actor principal en ese país, hasta el momento. Pero no solo allí se observan este tipo de situaciones.

Ya se ha comentado profusamente sobre las consecuencias y medidas de Estados Unidos y China, como consecuencia de las pruebas con misiles de mediano alcance lanzado por Corea del Norte y que alcanzaron la Zona Exclusiva Económica del Japón. La instalación de potentes radares en Corea del Sur, merecieron las críticas de Rusia y severas advertencias de parte de Pekín. No hay duda de que nos enfilamos a una nueva carrera armamentista -si es que alguna vez la abandonamos-, pero además con variables que afectan de manera directa los intereses nacionales de México.

En efecto, el resurgimiento de las visiones aislacionistas en Estados Unidos, que tienen su origen en los años previos a la Primera Guerra Mundial, hoy tienen poca viabilidad. La primera y contundente prueba es el despliegue de unidades militares en escenarios tan distantes como son Siria y Corea del Sur, por citar los ejemplos arriba mencionados. Para nuestro país, su condición geopolítica -es decir, que por sus características de ubicación-, las variables sociales, económicas, políticas, culturales, ambientales y militares, se ven afectadas e incluso, alteradas por los nuevos escenarios.

La preeminencia por ejemplo cultural de nuestro país -recordemos que somos la principal potencia cultural del continente de acuerdo a la Unesco y sexta a nivel mundial-, acompañada de una adecuada acumulación de fuerza y de una efectiva capacidad disuasiva, junto con mejoras en la calidad de vida en general, nos convierte en un potencia regional respetable. Los equilibrios en cuanto al despliegue de fuerza efectiva por parte de la nación, en cualquier parte del mundo, merecen la fundamentada atención tanto de gobernantes y gobernados, como de los factores reales de poder a nivel mundial.

Las condiciones con las que México llega a esta nueva era reclaman un mayor compromiso de las áreas de alta responsabilidad dentro del poder civil. Me refiero a los Poderes de la Unión. La proyección y fortalecimiento de los intereses nacionales no compete a un solo actor o a una sola institución, como se puede comprender, es un asunto en el que está de por medio la viabilidad del Estado y más aún, de la nación. Durante generaciones hemos tenido una visión y actitud en donde suponemos que lo que “pasa afuera” aquí “adentro” poco nos afecta. Está visto que no es ni ha sido así; dejar de prepararnos es lo que sí nos ha costado, y mucho.
javierolivaposada@gmail.com