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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • Sociedades y sistemas políticos, con líneas rojas

 

LONDRES. Se le llaman así a los límites que una persona, sea ciudadano o artista, político o comunicador u organización de cualquier tipo, no pueden traspasar a costa de ser señalados y con razón, como actores dispuestos a vulnerar lo más importante de una sociedad: sus identidades. Así fue como Trump, cuando candidato, tuvo uno de sus más peligrosos y sonados errores al burlarse de los padres de un soldado de origen pakistaní caído en combate –hecho que le mereció recibir post mortem, la “Condecoración Corazón Púrpura”.

En buena parte, los analistas señalan que esa es parte de la explicación de la “deuda moral” que ahora como presidente y desde la Casa Blanca quiere pagar con un formidable aumento al presupuesto al gasto de Defensa, Seguridad y al Departamento de Atención para los Veteranos (de guerra). Tan grave afrenta a la memoria de un soldado integrante de una institución fundamental como son las Fuerzas Armadas, en Estados Unidos y en cualquier país, incluyendo desde luego a México, generó tal malestar, que fue uno de los momentos en que más se especuló que la élite del Partido Republicano podría reemplazarlo como candidato, con todo y que ya se encontraba el proceso electoral en la recta final.

La vocación de servicio, que en la lógica de cada nación tienen las Fuerzas Armadas, en su reconocimiento por parte de la ciudadanía, implica un baluarte de identidad, cohesión y respeto por los símbolos que le dan sentido a la patria. Los señalamientos críticos en la democracia siempre son necesarios para encontrar de forma organizada las mejores opciones para atender una determinada problemática o exigencia. Sin embargo, recurrir a la crítica sin fundamento, sin propuesta y sin información, y además dirigir esa crítica a una institución que es una de las muy pocas que generan consenso y aceptación, indicaría que se actúa con toda deliberación en contra de los intereses de la sociedad y la nación.

La derrota moral de una sociedad es lo único que garantiza su sumisión y en un momento dado, su indefensión. Fracturada por los intereses materiales de corto plazo, con una clase política más preocupada por la próxima cita en las urnas que por el destino de las nuevas generaciones -de las que dicen estar preocupados por su futuro, las Fuerzas Armadas de México, y cualquier encuesta pública o privada, nacional o internacional, señala/constata, que son a todas luces, una garantía de la continuidad de los valores y fundamentos del país.

Con una reiteración inconsistente, notable incluso en las desestructuradas  semántica y sintaxis utilizadas por el candidato presidencial de Morena (así como hablas, piensas) demuestra su desconocimiento sobre materias esenciales y cruciales como son la Defensa Nacional y las Fuerzas Armadas. Lo muy preocupante, es que un político profesional, con tan dilatada trayectoria, no tenga la capacidad o la disposición, o ambas, para estudiar y dejar a un lado los prejuicios y lugares comunes para abordar el problema de la Seguridad Pública, así como sus secuelas, tan graves como dolorosas. Quizá por eso, el único candidato presidencial en campaña, el de Morena, traspasó esa línea roja de ataque y descalificación a las Fuerzas Armadas. Allí se ha quedado solo, pues ningún mexicano de bien, puede secundar en parte alguna sus extravagancias, que termina por ser verdaderos asaltos al presente y futuro de la Nación.
javierolivaposada@gmail.com