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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada

LONDRES. Desaparecer al Estado Mayor Presidencial, además de ser un sinsentido logístico, implica desmontar una de las principales estructuras garantes de la Revolución mexicana. Sus funciones, que ya fueron criticadas por el entonces candidato y luego presidente Vicente Fox, de las cuales tuvo que desdecirse. No sabía ni tenía la más remota idea de lo que decía.

Pero de esa negativa anécdota han pasado casi 18 años. Hoy, quien persista en esa línea sin duda no conoce la historia de México ni tiene disposición para entender la lógica institucional de las Fuerzas Armadas del país.

Así como ese inconsistente planteamiento seguimos de ocurrencias, en improvisaciones y en conductas reactivas; bien sea de funcionarios del Poder Judicial y no se diga de la afonía del Poder Legislativo. Ninguna persona con cierto nivel de proyección o influencia política, puede aducir o regatear reconocimiento o apoyo a las Fuerzas Armadas del país, para preservar la paz pública y recuperar la vigencia del Estado de derecho. Discutir desde la consigna, es imponer.

Y la realidad del país es mucho más compleja y demandante que esa cómoda actitud. Misma en la que se encuentran los beneficiarios de la ausencia de un marco legal que establezca con toda claridad, las responsabilidades de cada una de las autoridades civiles en una de sus funciones básicas: la Seguridad Pública.

El candidato y líder del Movimiento de Regeneración Nacional coincide cronológica y políticamente, con quienes por diversas razones se encuentran interesados en que las cosas “sigan como están”. Es decir, en la indefinición jurídica, en la legal y cómoda desaprensión de las autoridades locales en materia de seguridad pública, así como en la ventajosa postura de la descalificación sin análisis comparativos en ese rubro. De allí, que en la víspera de las disputas por las candidaturas presidenciales, persista en interés inmediato sobre el de un análisis serio, argumentado y metodológico.

Incluso, de forma inexplicable, a relevantes funcionarios del sexenio pasado, y aún del de Fox, hoy se les ocurren soluciones que en su momento ni aplicaron ni explicaron. La tendencia desde el 2000 a la fecha es inalterable: las Fuerzas Armadas en la primera línea de confrontación y sometimiento al crimen organizado. Sí. Pero sin recursos legales, mediáticos, políticos, diplomáticos y presupuestales. Pueden pronunciarse, por otra parte, los mejores discursos, pero si no van acompañados de acciones, sobre todo del partido gobernante, la pendiente en el deterioro de la paz social en varias partes del país se va a agudizar.

Por su parte, en el último tramo del sexenio, el Gobierno de la República debiera preparar la ruta que le permita a la siguiente administración contar con un balance serio y documentado de lo que se hizo bien, lo que se hizo mal y lo que se dejó de hacer. Sobre todo para impedir que las ocurrencias en materia de seguridad pública se instalen en el centro del debate electoral de 2018, sin más ánimo que la descalificación e incriminación de la principal institución que ha dado los mejores resultados en la lucha contra el crimen organizado: las Fuerzas Armadas. De allí, la seria responsabilidad de opinar y proponer con visión de poder y analizar con seriedad, el presente de México.
javierolivaposada@gmail.com