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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Deriva autoritaria en desgaste de la democracia
  • Javier Oliva Posada

En Turquía se convocó el domingo 16 de este mes a un referéndum vinculatorio para modificar la Constitución para desmontar el régimen parlamentario y ser sustituido por uno presidencialista. Recep Tayyip Erdogan dista mucho de ser un político común. Se trata sin duda, luego del general y fundador de Turquía en 1923, Mustafa Kemal Atatürk, de la principal figura en la historia del país. Ha permanecido en el ejercicio del poder 15 años, durante los cuales ha ido procesado un proyecto político a modo, de tal suerte que la concentración de las decisiones en su persona, han sido vistas con preocupación y recelo por la Unión Europea y los principales centros de análisis en el mundo.

Los resultados sin embargo, están muy lejanos de poder ser festejados como un amplio aval a su propuesta. Con los mismos porcentajes, por cierto, del Brexit, 51.5 por ciento contra 48.6 por ciento y con una elevada participación 85.55 por ciento, Erdogan convocó a llenar las plazas de su país y en otros de Europa, sobre todo en Alemania, para festejar tan apretado triunfo. Y lo es por dos razones. La principal, por la indudable ventaja que significó para los promotores del sí, ser apoyados sin límite por la estructura del Gobierno, la segunda y nos menos relevante, las serias dificultades que enfrentó la oposición o los promotores del “no” a las reformas. Tan es así, que ya han iniciado los trabajos para impugnar los resultados además de que la estructura de Gobierno de la Unión Europea, reaccionó con singular rechazo a los resultados señalando que habría que revisar el estatus del polémico ingreso de Turquía a la propia Unión Europea.

Hay otros casos, en donde no obstante las ventajas del manejo de los recursos públicos en favor de quien detenta el poder, con resultados apenas favorables, celebran como si de un triunfo arrollador se tratara. Quizá el más claro ejemplo en Latinoamérica sea Nicolás Maduro. En efecto, en 2013, el ahora presidente de Venezuela alcanzó el 50.61 por ciento de los sufragios frente al opositor Henrique Capriles, quien obtuvo el 49.12 por ciento. La participación fue del 79.69 por ciento. E igual que en el caso reciente de Turquía hubo una serie de celebraciones callejeras que no hacían sino adelantar lo que hoy se vive en el país sudamericano: polarización sin reconocimiento a las reglas elementales de la convivencia democrática. Es decir, a aceptar que se puede pensar y hacer diferente a quien gobierna.

De nueva cuenta y como ocurre de manera cíclica, la democracia padece los asaltos de las tendencias autoritarias. Esta paradoja hasta el momento ha podido ser procesada, con todo y serios momentos de peligro y desestabilización. Sin embargo, la cuestión radica en aceptar una de las reglas fundamentales en el ejercicio del poder: el desgaste del gobernante con el paso del tiempo. Desde luego que hay pocas y notables excepciones, sin embargo, a la vista no tenemos ejemplos en el mundo de las democracias consolidadas en donde eso pueda ocurrir en el corto plazo. Hasta Angela Merkel, primera ministra de Alemania desde noviembre de 2005 enfrenta una reñida competencia ante su adversario del Partido Socialdemócrata, Martin Schultz para las próximas elecciones de Gobierno, a realizarse entre octubre y noviembre de este año. Y conste del prestigio internacional y aceptación interna de Merkel. En ocasiones, la costumbre del poder, puede atentar contra la democracia.
javierolivaposada@gmail.com