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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva
  • Lo estructural (Fuerzas Armadas) de la coyuntura (elecciones)

Londres. En medio del entendible y altisonante ambiente poselectoral que se vive en México, no debemos de perdernos respecto de los asuntos trascendentales y de fondo que aquejan al país. De forma notable, la ausencia en la precisión en los objetivos que pueden consolidar las siguientes etapas en el desarrollo de la Nación. Me refiero en particular a las instituciones como las Fuerzas Armadas, que sobrepasan cronológicamente la gestión de gobiernos de cualquier identidad partidista y de grupo.

Debemos hacer una lectura atenta y pausada de la participación electoral, en particular de las entidades que se ven asoladas por las actividades del crimen organizado; antes que festejar triunfos o derrotas, al final ante un panorama de desarticulación social, no hay triunfador. Menos aún, con tan notables índices de abstencionismo. Por eso, en puerta tenemos una gran y seria responsabilidad para las elites gobernantes y partidistas; procurar la concreción de medidas que evidencien el compromiso para la reconstrucción de los sistemas sociales y de los procesos de intermediación de la capacidad operativa de la democracia como forma de administración.

Es momento, siempre lo es, para que las autoridades electas y próximas a entrar en funciones, junto con las que ya lo están, precisen una verdadera política de seguridad pública, que en primer lugar tenga a buen resguardo la imagen, aceptación y prestigio de las Fuerzas Armadas de México. Es notable, la forma en que desde hace meses, una serie de informes, documentos, reportajes y entrevistas tratan de ubicar a las acciones de apoyo a la recuperación de la paz pública por parte de soldados y marinos como un problema, cuando ha sido justo la incapacidad, ineptitud o corrupción de las autoridades, que son las que han dejado de hacer lo que por ley les compete.

Los gobiernos, partidos y personajes pueden ir y venir en la historia, lo que trasciende es la Nación y sus fuentes principales de identidad. Dentro de ellas, en efecto, se encuentran los principios y valores que las Fuerzas Armadas representan. Su debilitamiento, intencional o no, por parte de los tomadores de decisiones, terminará por afectar cualquier proyecto partidistas, que por su naturaleza, siempre, sin excepción será menor a las dimensiones e impacto que contiene un proyecto de nación.

Sostengo que las Fuerzas Armadas, encuentran su origen e identidad principalmente en la Nación, y no sólo en el Estado. A lo largo de la historia, hemos tenido varias Constituciones y Estados, incluso antes de ser un país soberano. No hay viabilidad de la Nación sin la capacidad para garantizar, por un lado, la unidad geopolítica y por otro, representar los valores que distinguen a México como son: la libertad, la democracia, la igualdad, la soberanía y la justicia. Sin alguno de estos valores, la Nación está incompleta, desequilibrada. Si faltan varios, peor aún.

La democracia como forma de Gobierno, en cualquier de sus variables contemporáneas, reclama que hayan sólidos cimientos, mismos que se encuentran constituidos por los niveles de identidad y confianza que la sociedad en conjunto tiene respecto de sí y de la clase gobernante. Ésta a su vez se encuentra obligada, a atender las formas necesarias para retroalimentar esa identidad colectiva y esa legitimidad que conceden la buena gestión de los asuntos públicos. Los gobiernos y partidos pasan, pero los soportes de la Nación permanecen. Las Fuerzas Armadas, sin duda, son uno de los más relevantes pilares que determinan el presente y futuro de México. Hay que cuidarlas.
javierolivaposada@gmail.com