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Poderosos

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Harry S. Truman, presidente de Estados Unidos, fue reconocido como el hombre más poderoso del mundo. Soltó sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945. Little Boy, destruyó casi por completo la ciudad. Mató 70 mil personas e hirió a un número igual. Fat Man arrasó Nagasaki y dejó 40 mil muertos. Japón se rindió el 2 de septiembre. Alemania lo había hecho el 8 de mayo. Churchill, Roosevelt y Stalin, los tres grandes originales, se habían reunido en Yalta los primeros días de febrero de 1945 “para acordar la organización preliminar de la paz”.

Una paz resultante de dos estallamientos nucleares, propiciaría que Harry S. Truman concentrará, en un instante, un poder avasallador para cuyo ejercicio no estaba preparado. Ese poder había comenzado a emerger en enero de 1944, cuando el presidente Roosevelt nombra el día 17 al general Dwight Eisenhower, emperador americano de Occidente, cuya sede imperial fue Londres. El 2 de septiembre Truman, como presidente sucesor estatutario nombraría emperador americano de Oriente al general Douglas MacArthur, cuyo trono coloca en Tokio.

17 años después, la noche del 17 de enero de 1961, Eisenhower al despedirse por televisión como presidente de Estados Unidos, advertiría “del surgimiento en los últimos 11 meses de la Segunda Guerra Mundial, de un complejo militar-empresarial-congresional”, del cual nace “una organización militar, cuyo gigantesco tamaño guarda nula relación con los contingentes que lucharon en la guerra 14-18 o con los agrupamientos de defensa en tiempos de paz.”  Explicó Eisenhower que “los americanos hemos sido forzados a crear una industria bélica de vastas proporciones a la que hemos adosado un Ejército regular permanente de tres y medio millones de hombres y mujeres directamente comprometidos con la industria de armamentos y la investigación científica, ambas dirigidas a la defensa nacional”. Informó que durante sus dos cuatrienios presidenciales, el Gobierno dedicó a la industria militar y del armamento “una cifra mayor al total del ingreso neto de todas las empresas americanas”. “…ésta es una circunstancia nueva en Estados Unidos. Su ineludible influencia se siente en cada ciudad, Legislatura, oficina federal o local”. “Nuestros quehaceres, nuestra sociedad, están seriamente amenazados”. “La industria de armamentos es consecuencia de la revolución tecnológica en curso, dentro de la cual la investigación en nuestras universidades juega un papel preponderante”. “Al solitario investigador lo acosan agrupaciones tácticas de empresas bélicas”. “¡Peligra la histórica libertad de investigación en las universidades!” “Debemos ver con preocupación que la inteligencia, el talento de los intelectuales, los científicos, los inventores estén controlados a través de presupuestos federales aprobados por el Congreso y el poder del dinero”.

Una influyente revista para inversionistas, eligió a Vladimir Putin como “la persona más poderosa del mundo” Después sigue Donald Trump, “el primer empresario multimillonario que llega a la Presidencia”. Enseguida están Ángela Merkel, la canciller de Alemania, y el papa Francisco. Truman pudo con la presidencia porque le invadieron la Oficina Oval,“seis jóvenes sabios”: Harriman, Kennan, McCloy, Lovet, Acheson y Bohlen. Así lo narra Walter Isaacson en Seis amigos y el mundo que construyeron. Trump no suele hacer consultas. Se reúne con quienes le escuchan y le dicen ¡sí! Con Putin platica de igual a igual. A ambos les irritan China y Japón.