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Poliandría

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Habituada a desear, la felicidad me mata…”

Anaïs Nin
Anaïs Nin siempre luchó por lo inalcanzable. Sus ideas, plasmadas en sus escritos, proclaman la defensa de la autonomía integral de las mujeres, su independencia erótica, así como el derecho al placer.

Anaïs, la que escribe la crónica de su vida y se convierte en personaje y símbolo de la liberación sexual femenina, la que cuenta cómo siente y disfruta del placer la mujer, la que intenta entenderse y con ello da pistas a muchas otras, la que no se pone límites, la que idea una trama de disfraces para vivir. La que sabe que el conocimiento de sí mismo es la raíz de la lucidez y la sabiduría. La que habla de las emociones, de lo interior. La que busca preservar el equilibrio y la memoria, la que pregunta: ¿eres capaz de compartirme? La que se sentía dos personas separadas; la que sabe que el diario es el único gracias al cual mantiene el contacto con la verdad. La que tiene una certeza: “Dónde hay llamas, allá voy”, y la que por tres décadas fue bígama. Su primer marido, Hugh Guiler; el segundo, Rupert Pole.

Nacida en 1903 en una pequeña villa de Francia, Neuilly -sur-Seine. Tan largo como su nombre(Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell), fue el conjunto de más de 35 mil páginas que escribió en sus diarios, que van a la médula de sus sensaciones y sus deseos, lo mismo que sus acciones. La escritura de sus diarios, la comenzó a los 11 años de edad y no cesó hasta su muerte, el 14 de enero de 1977, por un cáncer de ovarios.

Tuvo una pausa de unos meses para curar su neurosis, solicitada por su psicoanalista, Otto Rank, discípulo de Freud. Sin embargo, este tiempo dio inicio a un cuaderno de notas: el diario revivió. Sus escritos son intensos y cubiertos de un halo misterioso, tan es así, que conocemos distintas versiones de sus diarios. La primera, que excluía los nombres de aquellos con los que sostuvo relaciones y aún vivían. Posteriormente, se fueron publicando las versiones no expurgadas. Gran parte de su obra de ficción fue extraída de sus diarios, a excepción de “Delta de Venus” y “Pájaros de Fuego”.

Por su vida pasaron un sin número de personajes del siglo pasado. En el periodo de 1932 al 34, son fundamentales, además de su marido, Hugh Guiler; el escritor Henry Miller, el artista Antonin Artaud, los sicoanalistas René Allendy y Otto (Rosenfeld) Rank, y desde luego June Mansfield, la esposa de Miller. Con todos ellos sostuvo relaciones amorosas.

Hugh Guiler, un banquero al que conoció en La Habana, fue de quien se enamoró y con quien se casó, a los 19 años. Ella, que vivía en Nueva York, había asistido a escuelas católicas, pero dejó la instrucción a los 16 y encontró trabajo como modelo y bailarina de flamenco. De Estados Unidos se trasladó a Cuba con una tía, hermana de su madre, con el objetivo de encontrar un marido rico, y lo encontró.

A Rupert, su segundo marido, lo conoció en un elevador camino a un evento, y pronto se fueron a vivir juntos. En 1947. Ella llevaba un cuaderno rojo para cada uno y recordar todos los detalles, pues empezó a vivir medio año con Hugh y otro medio año con Rupert. A Hugh le decía que no soportaba lo agitado de Nueva York, que afectaba su equilibrio emocional y a Rupert, que necesitaba hacer trámites y firmar contratos para sus publicaciones. Cuando ellos, Rupert y Anaïs se conocieron, él tenía 28 años y ella 44. Él era tímido, pero ella no. Así transcurrieron ocho años, y es hasta 1955 que se casa por segunda vez, con Rupert Pole, sin haberse divorciado de su primer esposo Hugh Guiler.

Por años, Nin mantuvo una doble vida, dividiendo su tiempo entre una modesta casa con Rupert Pole en California y un apartamento lujoso con Hugh Guiler, en Nueva York. Guiler, toleraba los amoríos de Nin, incluido el que tenía con Pole, aunque se cree que no supo del segundo matrimonio, sino hasta su muerte. En 1966, Anaïs Nin comenzó a tener mucho éxito con sus diarios, y decide anular su matrimonio con Pole, para que no se vaya a hacer pública su poliandría, pero continúa viviendo meses con uno y meses con otro. De cualquier manera, se sabría. En 1973 recibió el doctorado honoris causa del Philadelphia College of Art, y en 1974 fue elegida para el Instituto Nacional de las Artes y las Letras. Para 1974, Anaïs escribió un ensayo sobre el erotismo femenino, ya muy consciente de su papel en la liberación sexual de la mujer, para la Revista Playgirl.

El día de su muerte, apareció una esquela en The New York Times y otra en Los Ángeles Times, dando cuenta de su deceso y a cargo de cada uno de sus maridos. Hugh y Rupert se conocerían y se harían amigos. Ambos fingían que creían en lo que ella les decía, ambos la amaban.

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