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Política: requiebros y flirteos

  • Salvador del Río

La democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Lo dijo Winston Churchil, escéptico de la democracia, ganador de las grandes batallas parlamentarias de Inglaterra y factor fundamental para el triunfo de las democracias en la Segunda Guerra Mundial. La voluntad de la mayoría no solo ha de ser acatada por las minorías que le siguen, sino la norma que obliga a gobernar para todos, ganadores y
perdedores.

La política no es un juego de fuerzas en el que la derrota induzca a la venganza. En ese juego, por sobre el desquite, está la revancha, la oportunidad, el espacio para una nueva ocasión, para salir airoso frente al contrincante. La supuesta dulzura de la venganza no es más que un sentimiento innoble que se manifiesta en la impotencia del derrotado. Pero la victoria, como la derrota en buena lid, debe verse con la grandeza del que contiende con las armas legítimas y acepta con humildad el triunfo  o el resultado adverso. La democracia, como el gran juego de la vida, no está hecha para la soberbia del triunfo ni la amargura de la derrota.

En política, la altura de miras, el respeto a sí mismo, a sus representados y a la colectividad, son grandes valores que definen y caracterizan las lizas electorales cuyo contenido debe ser el principio ideológico y la propuesta programática. Los partidos de Acción Nacional y de la Revolución Democrática cada uno por su parte proponen un frente amplio, obviamente electoral, con un objetivo único, focalizado, obsesivo, que es sacar al Revolucionario Institucional de la residencia oficial de Los Pinos, a la que volvió después de doce años de infructuosa alternancia en el poder. Vistos los ángulos de los frentes que el PAN y el PRD proponen para las elecciones del 2018, el frente amplio se reducirá a una alianza entre ambas fuerzas políticas y su objetivo será, despojado de cualquiera otra causa, la derrota del partido fundado en 1929.

El frente amplio propuesto por el PAN y el PRD tiene otro blanco fijo en la mira, no menos reducido: impedir la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, el único que abiertamente ha manifestado su determinación en competir como candidato de su partido, Movimiento de Regeneración Nacional, a la presidencia de la República.

Los objetivos de un frente amplio electoral, que se constreñirá a dos corrientes supuestamente opuestas ideológicamente, la derecha panista y la izquierda perredista, no dejan de ser mezquinos y reducidos en sus propósitos, alejados de la idea de una contienda política en la que prevalezcan la ideología, los principios y los planes concretos de propuestas que normen la acción gubernamental de cada una de esas corrientes. Para lograr ese frente, grupos o corrientes opuestas acuden a coqueteos y escarceos en busca de una imposible unidad que beneficie a la democracia.

En el empeño por llevar adelante una ideológicamente informe alianza electoral, se buscan caminos de supuestas innovaciones político-electorales para la democracia mexicana: la segunda vuelta en los comicios para la presidencia de la República, que a falta de una mayoría clara en la primera daría representatividad y una supuesta legitimidad al vencedor en la segunda. El inconveniente de una segunda vuelta es que en esa votación se obliga a todas las partes, aun las opuestas y menos representativas, a elegir a un ganador y con ello generar una mayor división entre las fuerzas y las corrientes políticas del país.

En cuanto al Gobierno de coalición, se pretende una administración plural, difícilmente gobernable, se estaría supliendo la diversidad de corrientes políticas, ideológicas y programáticas que naturalmente se expresan en el Congreso de la Unión y que representan un contrapeso a la acción de quien detenta el Poder
Ejecutivo.

srio28@prodigy.net.mx