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Política y redes sociales / Razón de Estado / Joaquín R. Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Quizá como ningún otro elemento de la vida cotidiana del siglo XXI, las redes sociales han venido a irrumpir en prácticamente todos los ámbitos de las relaciones humanas. Una red social, aparejada de un teléfono celular y una conexión a internet, se ha convertido en algo tan poderoso como un estudio de televisión con sus cámaras, consolas, micrófonos y escenografía. Sucede que ahora cualquier persona es periodista y ningún hecho social es ajeno a ser conocido por miles de personas.

En política, las cosas no son distintas. Hace ocho años, Barack Obama se hizo, con la presidencia del país más poderoso del mundo, gracias a su plataforma montada en Facebook. Convertido en el cibercandidato, Obama logró conectar con un electorado que hasta ese momento se había mostrado escéptico hacia la candidatura de un liberal afronorteamericano cercano al islam. Facebook lo cambió todo. La candidatura de Obama despegó gracias a los millones de seguidores que contagiaron a la sociedad más conservadora del mundo occidental con las propuestas frescas y distintas de un demócrata.

En México, la política comienza a perfilarse hacia un camino similar. Sin entrar al tema de futuras campañas o candidaturas posibles -ninguna de ellas es materia de esta columna- hoy la política nacional se sigue haciendo en las reuniones privadas, los cafés, los foros públicos, las cámaras, los medios de comunicación masiva, el Gobierno y los partidos, pero también en las redes sociales. El problema es que esto ha sido determinado por la sociedad, pero no ha alcanzado a ser comprendido por buena parte de la clase política, quien sigue desdeñando a la tecnología como una herramienta para conocer las inquietudes ciudadanas, posicionar propuestas y dar respuestas a las primeras.

Si hace algunos años quien no salía en televisión no existía, hoy quien no comunica por Twitter, Facebook, Instagram, o Youtube, es invisible. Más aun, aquellos personajes que se mantienen ajenos a las redes sociales no terminan de comprender que el mundo ha cambiado y que hoy los ciudadanos hablan de política sin siquiera darse cuenta, pues en cada publicación de queja o reclamo, de defensa o alabanza, van dibujando una preferencia y con ello marcando una tendencia.

En cada “tuit”, en cada “post”, hay una oportunidad de fijar una postura y asumir como propia una demanda social espontánea y natural. El bache en la calle que no ha sido reparado, la simpatía generalizada a un anuncio sobre determinada política pública, la advertencia sobre el aumento a robos en tal o cual ruta de transporte público, son, en la actualidad, la misma noticia para la sociedad que oportunidad para el político. De los tiempos en los que el micrófono o la pluma eran privilegio de unos cuantos, hemos pasado a la democracia de los #hashtags.

Quien quiera hacer política o Gobierno tiene que comprender que en nuestros días la comunicación sigue siendo tan masiva como antes, pero hoy es más personal, directa e inmediata. Las redes sociales han acercado a los ciudadanos con los políticos y a estos con la realidad. Aquél que no quiera verlo está condenando su futuro al olvido y la inexistencia.
joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro