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Polonia / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Las malas noticias se difunden como llamas en pasto seco mientras las que merecen reconocimiento apenas son conocidas. Las historias de migrantes sirios que llegaban a costas europeas no alcanzaron los titulares hasta que Hungría se negó a aceptarlos. Los problemas económicos de Grecia llenaron los titulares sin un solo reportaje sobre historias de éxito. Aunque preferimos buenas noticias, nos dejamos llevar por los medios.

Polonia ha sido uno de los países que todo mundo pasó por alto en los momentos de crisis (griega y del euro). Sin ser un motor de la economía europea como Alemania, es el país que más ha avanzado desde su ingreso a la Unión Europea (UE). El sexto país más poblado de la Unión destaca por su estabilidad social, política y económica; es modelo a seguir.

Sus exportaciones alcanzan los 289 mil millones de dólares, un 72 por ciento de las México, pero al ser un país de 38 millones de habitantes, el valor de las exportaciones por habitante es el doble de las de México. Y como sus exportaciones han sido siempre mayores que sus importaciones, su divisa no sufre erosiones en la balanza de pagos como la nuestra que casi todos los años es deficitaria.

Con una historia milenaria, el Estado polaco ha tenido casi todas las formas de Gobierno, de reyes absolutistas y monarquía constitucional, a dictadura comunista y Gobierno parlamentario. Fundado en 1025, tuvo una muy larga asociación con Lituania (Unión de Lublin) hasta que su territorio fue dividido en 1795 entre Prusia, Austria y Rusia. Es apenas al fin de la Primera Guerra Mundial que Polonia recupera su autonomía, y después de ese difícil renacimiento, sufre la ocupación nazi y luego la soviética.

Es hasta la liberación de la dictadura comunista en 1989, en la que es el primer país de Europa Oriental en democratizarse, que pudo realizar reformas que han hecho que progrese a pasos agigantados. Resolvió sus problemas estructurales -especialmente un déficit elevado y la inflación- para luego ingresar a la UE en 2004. Ahora tiene niveles de Desarrollo Humano que todos los países latinoamericanos envidiamos.

Como la agricultura emplea al 14 por ciento de la población aportando sólo un 4 por ciento del PIB, es la industria la que mueve al país. Modernizada a partir de 1990 con la colaboración del FMI y del Banco Mundial, renovó su tecnología, mejoró la productividad y redujo su impacto al medio ambiente. Sin embargo, su industria -construcción de maquinaria y bienes de consumo- sigue concentrada regionalmente en pocas ciudades, como en la capital, Varsovia, en Katowice y Cracovia al sur y en Danzig al norte.

Por todo ello, y porque decidió mantener su moneda en vez de ingresar al euro, es el único país europeo que no sufrió la crisis 2008-2011. Uno de los pocos países que no dejaron de crecer, convirtiéndose en una de las economías más dinámicas de Europa. Su competitividad es alta, situándose en el lugar 41 (México: 57).

México sigue viendo al norte como único ejemplo a seguir porque ignora otras historias de éxito. Polonia no sólo estuvo en peores condiciones que México en todo momento antes de 1990, pero lo que realizó desde entonces, y sobre todo por los resultados alcanzados en los últimos 25 años, merece nuestra atención. Sigamos su ejemplo, perfeccionemos las reformas estructurales, renovemos la tecnología, modernicemos la industria, e incrementaremos la productividad, cambiando a nuestro país para bien.
daaiadpd@hotmail.com