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Ponga la basura en su lugar…

  • Gabriela Mora

Recuerdos de mi niñez, en la década de los 70, la jefatura del entonces Departamento del Distrito Federal –hoy gobierno de esta Ciudad de México-, lanzó por vez primera una campaña mediante la que invitaba a los defeños a cuidar el medio ambiente mediante la colocación de tres enormes botes de basura –entonces sólo eran 3-, de diferentes colores en parques, jardineAceptars, explanadas, andenes del Metro y zonas públicas en general, en afán de comenzar la cultura contra la contaminación a través de la separación de basura, según su naturaleza.

Con Luis Echeverría como presidente de México, gobiernos de diversas naciones comenzaron a poner atención en el medio ambiente, aunque cuando el mundo decidió unirse en pos del tema ya varios países –en su mayoría europeos-, contaban con leyes e instituciones abocadas a la reutilización de desechos orgánicos y/o procesamiento de inorgánicos; el caso es que, luego de asistir a diversos foros internacionales, el gobierno mexicano comprendió la importancia del tema y comenzó a implementar sistemas de limpia y recolección en el país, comenzando por la capital, ciudad que desde entonces producía cotidianamente toneladas de basuras.

El entonces presidente Echeverría introdujo en su discurso diversos mensajes como la exhortación a comprender la importancia de la naturaleza en el desarrollo del hombre; los riesgos que para la salud significaba vivir en una ciudad como el D.F. en donde transitaban miles de automóviles (entonces eran miles y las condiciones de vida permitían poseer modelos más recientes y, pese a las composiciones de los combustibles, con mejor mantenimiento al motor); consideraba igualmente la densidad de población de la metrópoli y el riesgo de permitir que la basura generada llegara a ser tóxica y comenzara a afectar  el entorno… Así nació la legislación ambiental a nivel federal, la Ley para Prevenir y Controlar la Contaminación; posteriormente se creó la Subsecretaría de Mejoramiento del Ambiente –dependiente de la Secretaría de Salud-, y derivado de ella se adquirió equipo, además de capacitar al personal de limpieza que implementaría el programa Pon la basura en su lugar.

Desde su inicio, el programa recurrió a una gran difusión en los medios de comunicación –televisión, radios y medios impresos-: se trataba de llegar a la mayor cantidad de mexicanos posible para comenzar a crear conciencia ambiental; a la vez, se implementaron tiraderos de basura, y se intentó trasladar zonas industriales y comercios fuera de la capital del país en un fracasado intento  por restablecer un equilibrio ecológico mismo que evidentemente, fracasó; no obstante, hacia mediados de la década setentera comenzaron a utilizarse bolsas de plástico para “empaquetar” la basura, mismas que se veían “en cualquier lugar, en cualquier esquina”…

Fue hasta la entrada del nuevo milenio, con la llegada de Vicente Fox,  cuando nace la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), dependencia que a la fecha se ocupa de cuidar la biodiversidad,  ecosistemas y el impacto ambiental.

La realidad es que, para quienes vivimos en esta Ciudad de México y pretendemos agilizar el servicio -por el que pagamos vía impuestos-, para trasladar nuestros desechos al sitio dispuesto para ello, lo más probable es que  tendremos que seguir aportando una “propina” –al barrendero, camión o voluntario-, pues en caso contrario  habrá que deshacernos de ellos por nuestros propios
medios…

Ahora que si se trata de hallar un bote de basura –no cinco y de colores como se pretende-, para deshacernos de cualquier empaque al transitar por avenida, boulevard, parque o calle citadina, lo más probable es que habremos de conservarlo hasta llegar a algún sitio civilizado para deshacernos de él, puesto que en el remoto caso de hallar un cesto –salvo honrosas excepciones-, lo encontraremos –regularmente-, lleno al punto del desborde: a decir de autoridades delegacionales y del gobierno citadino,  los cestos se colocan pero usualmente se los roban y/o la ciudadanía los ocupa para poner la basura de sus casas, se llenan y se convierten en depósitos al aire libre.

Más de lo mismo: los citadinos ocupan los botes de las calles para tirar su basura dado que –sin afán de justificar-, en caso de  recurrir al camión, basurero o servidor público a cargo del erario citadino, habrá que aportar una “dádiva”, aunado a que el sistema de limpia no es eficiente…

Un detalle adicional: de acuerdo con el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, cerca del 50% de las inundaciones de la CDMX se deben directa o indirectamente a la basura, misma que afecta presas, plantas de bombeo, drenaje, coladeras y alcantarillas, etcétera… Obvio que la basura impide el desalojo de la lluvia y con mal drenaje e insuficiente desazolve, peor tantito.

Lo cierto es que el desalojo de la basura, es un problema… al igual que muchos otros en este México nuestro,  derivado de la ineficiencia, corrupción, amiguismo, educación y cultura por parte de la ciudadanía, pero sobre todo y principalmente, carencia de gobierno y Estado de derecho…

No hay más que hablar…
gamogui@hotmail.com