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Populares / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

En la Capital, oficialmente registrados, funcionan 329 mercados públicos. Es la Secretaría de Desarrollo Económico la que mantiene actualizada la lista desde hace unos cincuenta años, cuando se fundó.

Los más conocidos son el Mercado de Medellín, donde se expenden los recaudos –las bolsitas de condimentos yucatecos– y demás sabrosuras estatales. El de Sonora tiene una abultada sección de talismanes para mejorar la suerte, deshacer embrujos y hechicerías, o incrementar los poderes de seducción de clientes o clientas. También tiene puestos de los más sofisticados productos de la herbolaria nacional curativa o remedial para el dolor de huesos, la ciática y cualquier tipo de reuma. En el de Cartagena, además de su cordial orden y considerada higiene, se venden buenas mochilas de cuero, lona y bolsas multicolores de lienzos artificiales. El súmmum de la sofisticación de Cartagena es la Editorial Rosita, división de la Bonetería Rosita, que publica la obra de poetas que forman  un grupo de amigos del talentoso y muy activo Víctor Navarro, egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, quien también tiene un prestigiado y largo historial en información radiofónica. Cartagena tiene también un buen servicio de sanitarios algunos operados por los locatarios y otros por la Delegación Miguel Hidalgo. En esa delegación funcionan 19 mercados populares a los cuales las autoridades los denominan “mercados públicos”. La delegación con mayor número de mercados es Gustavo Madero: 51. Las de cifra intermedia –19– son Tláhuac, Azcapotzalco y la mencionada MH. Xochimilco tiene cuatro. No se conoce el número de mercados públicos o populares en la República.

La gran ventaja de los mercados populares es la venta al menudeo de los artículos indispensables de aseo y alimentación…  No fuerzan la compra de una paca de 30 rollos de papel higiénico, seis cepillos de dientes, seis palmolives, –nombre genérico del jabón de baño–  o 10 bultos de 900 gramos de arroz, frijol, lentejas o garbanzos.  Lo mismo ocurre con el cartón de huevos. Sí, sí… nos venden una sola pastilla de  jabón o una “pieza”… cuando se trata de huevos.  Y el precio por pieza se triplica, como se triplica el precio del jamón, o del bisté y el kilo de maíz y de frijol.

A fines de 1962, los productores argentinos de carne y de cereales no quisieron escuchar la voz del comprador mayorista y el precio de carnes y cereales perforó el esmogriento cielo londinense de entonces. Y el denso cielo de las islas británicas en su conjunto. Algo semejante ocurrió en algunos países del “continente”.  El Gobierno inglés aconsejó a los ciudadanos, –a los que trabajaban en The City o en los centros habitacionales aledaños a la capital inglesa- que no comieran carne de res –beef– durante los cinco días hábiles de la semana.  Que lo suplieran con otro alimento. ¡Coman porridge en la mañana y “kidney pie for supper”…! Los precios se moderaron.  Y todos salieron ganando. Entre 1963 a 1970 recobraron su antigua popularidad los mercados citadinos –de las principales plazas—de Inglaterra, Holanda, Francia, Alemania.  El mercado de Hobbema Stratt en La Haya, es el más grande de Europa. Otro muy grande y grato y de calidad artesanal es el de la plaza central de Brujas en Flandes.

Conviene que las autoridades empleen su capitalidad para darles “una mano de gato” a los 329 mercados populares -populares-artesanales-. Que sean una opción para los consumidores que por la inestabilidad de los salarios promedios populares deban comprar por pieza y no por bultos.  Que los niños acompañen a su mamá o su papá para que se enteren de precios y costos. Y a empleen sus conocimientos en el futuro para comprar no por quintales, sino al detalle, ¡por pieza!, cuando la quincena no alcance para comprar por quintales.