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Populismo estatal, ¿espejismo económico? / Mundo Económico / Enrique Vera Estrada

  • Enrique Vera

Hasta mediados de la década de los ochenta, el gasto público no solo fue el motor de la demanda agregada, sino de toda la economía en general. Es un hecho que no solo toda la infraestructura, los servicios sociales y de educación, sino que incluso todos los bienes y servicios de tipo comercial, eran proveídos por el Estado bajo el sistema de sustitución de importaciones. Todo lo que venía del extranjero era mal visto porque destruía puestos de trabajo y porque propiciaba una subutilización de todo el capital con que contaba la economía mexicana.

El punto culminante quizá se dio a finales de la década de los años ochenta, en el cual, el gasto público fue explosivo y altamente deficitario. Sin embargo, no estamos en contra del gasto deficitario, siempre y cuando se aplique en temporadas o en épocas en que la economía no funciona a toda su capacidad (gran parte del capital y del trabajo están sin utilizarse), y si este déficit lo puede solventar el país en ejercicios fiscales posteriores. La mecánica es fácil: con el déficit público la economía crece más, y gracias a ello se recaudan excedentes tributarios que pagan deudas contraídas con anterioridad.

No obstante, bajo el neoliberalismo la concepción del gasto público tomó un giro diferente. Dicho gasto estatal, en vez de ser visto como agente del crecimiento económico, ahora es visto como un elemento antinflacionario, que enfría la demanda agregada y hace que se recuperen los déficits acumulados en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

De hecho, una de las recetas más polémicas de Fondo Monetario Internacional, para que un país recupere su equilibrio en sus cuentas externas, es congelar la obra pública. Con ello se logra enfriar la demanda agregada, y gracias a ello, se limitan –y se reducen- las compras al exterior. Sin embargo, hay otras recetas para estabilizar el sector externo, como lo es el incremento en las tasas de interés y el congelamiento de salarios.

En este punto es importante recalcar que no estamos de acuerdo con las declaraciones de un político que establece que el pleno empleo se conseguirá en un futuro en la economía mexicana gracias a la implantación de políticas que hizo el presidente Roosevelt en los Estados Unidos en la década de los años treinta. Este modelo que resucitó a la economía estadunidense en esa década durante el siglo pasado consistió en practicar un modelo fiscal altamente deficitario, debido a que la Reserva Federal había recortado el circulante en la economía de tal país en 30 por ciento, ocasionando, obviamente, una reducción importante de la liquidez y una reducción en los niveles de consumo, inversión y empleo en tal economía. Esta receta económica (de una fuerte expansión y déficit fiscal) no funcionaría en México actualmente, debido a que no hay una restricción monetaria tan fuerte (el circulante que se da en la economía es el suficiente para generar empleo y crecimiento) y un déficit fiscal alto solo generaría un fuerte desequilibrio en la cuenta corriente y una inflación galopante.

Por su parte, es importante ilustrar de nueva cuenta la nueva concepción que el Gobierno tiene de sus gastos bajo el sistema neoliberal, cuyo punto álgido llegó bajo el Gobierno de Vicente Fox a través de su secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz. Éste propuso en su momento una reforma fiscal totalmente regresiva, que incluía gravar alimentos y medicinas, y que planteaba hacer recortes severos al gasto público. Afortunadamente, nada de eso sucedió, y al final de tal sexenio se expandió -paradójicamente- el gasto gubernamental.

Los gobiernos sucesivos han practicado políticas fiscales restrictivas. Bajo el Gobierno de Enrique Pela Nieto no se pretende elevar los impuestos ni el déficit presupuestario, por lo que a la caída de los precios del petróleo el único camino que queda es recortar el gasto público. No hay de otra.

Para finalizar, podemos citar las palabras del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, en la Cumbre de Lima, Perú, quien dijo que el populismo “es una ruta irresponsable que mete al país en problemas más graves. Si bien, en un principio son soluciones que pareen atractivas e incluso pueden ser populares, creo que en México hemos tenido episodios, brotes populistas, y a la larga han sido muy costosos”.
enriquevera2004@yahoo.com.mx