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Por el “refrescamiento” en la vida…

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Aunque a uno pueda parecerle tonto o extraño, la mente sabe por qué trae a cuento las cosas. Es cierto que uno no acostumbra sin más, platicar lo que ha estado recordando. Sin embargo, he tenido en mente desde hace días, lo que ahora les comparto…

Tuve la suerte de que una prima mía se tomara la molestia de enseñarnos a ordeñar en el pueblo de mi madre. ¡Qué miedo!, imaginar que la vaca nos pudo haber dado una patada, pero como sabían de nuestra impericia, le amarraron las patas traseras. ¡Claro! Probablemente hoy eso sería considerado una crueldad para el animal, pero en ese tiempo, a nosotros nos dio seguridad para lograr llenar nuestro vaso. No obstante eso ocurrió hace años, a la leche “bronca”, como se le llama a aquella sin artificios, directa de las ubres, le pusieron un chorrito de alcohol, que para que no nos hiciera daño (porque no la hervían), y un poco de chocolate. Ese sí que fue un verdadero paseo, y aprendizaje.

El mejor chocolate con leche que he bebido en toda mi vida. Y por si fuera poco, levantarnos tempranísimo, para llegar al rancho al momento de la ordeña.

Nunca he renegado de mi infancia, y por supuesto que tendría muchísimas cosas de qué renegar, pero soslayo lo desagradable. Resulta, que me enorgullece no haber sido tan urbana, haber tenido la posibilidad de convivir con vacas, caballos, gallos y gallinas. Me siento feliz de haber arrancado frutas de los árboles, entre ellas, las limas, con ese olor cítrico que de inmediato me lleva al campo y a la niñez, y el haber tenido la oportunidad de ser atrabancada, correr y trepar árboles. Llenarme de lodo también y jugar en la tierra. Pienso que todo eso contribuye a recordarse constantemente, parte de la naturaleza, y a actuar en consecuencia.

Uno de mis tíos, tenía una vaca consentida, que ni bailaba hawaiano ni tahitiano y tampoco tocaba el violín, pero a la que llamó Olga Breeskin. Seguro encontró en ella ciertos atributos de aquella mujer exuberante. Mi tío, que ya murió, era muy divertido e ingenioso, solía cantar “Mucho corazón” a su esposa y le agregaba el pinche, entre las dos palabras. Al escucharla, la familia siempre le agregamos esa palabrita.

Quizá con algo de nostalgia, pensaba que una parte de mi familia, no sé por qué, me encuentro lejos de muchos, se ha vuelto sumamente religiosa. Mientras yo, en realidad, me convierto cada vez más en la oveja negra. Quizá siempre lo fui, pero ahora que son santurrones, pues peor para mí. Procuraré enfocarlo de manera distinta, peor para ellos.

Allá, donde la familia tiene un espacio, para convivir, para compartir, hace unos años -viene a mi memoria- que hicimos una reunión familiar. Hacía tanto calor, que algunas de mis primas sacaron sus abanicos, y uno de mis primos mayores, se hizo de uno de ellos, y se sacudía el calor que se le pegaba a las ropas, en su agitación constante. Él es conocido ahora, como el primo del “refrescamiento”.

En poco tiempo al parecer, haremos otra reunión familiar, para celebrar los 90 años de una de mis tías. La familia de mi madre es longeva. Pienso que a pesar de todos los pesares, los quiero. No porque me impongan nada; sino porque con ellos crecí y viví momentos fundamentales de mi infancia, de mi adolescencia. Nuestros caminos han tomado distintos rumbos. Yo los dejo decir sus glorias y aleluyas, y hasta el momento ninguno me ha dicho en lo personal, que tengo que ser como ellos.

Este tránsito por la vida ha sido hermoso conociéndolos. Es probable que ahora lo piense, porque quiero estar en paz y seguir mi camino. Porque deseo también, que desde sus convicciones sean felices.

Por mi parte, creo que quitaré a mi primo ese abanico que a su vez confiscó a otra de mis primas, pues en estos días, soy yo la que necesito: Mucho, mucho “refrescamiento”.

Hace días que nos tienen sin agua en la zona de la Ciudad de México donde vivo, por la gran práctica inmobiliaria. Mi ciudad, la que se ha convertido en la de tomar reportes y dar número de folio, pero no soluciones. Ésta, en la que consideran que la atención es eso, dar número de folio.

Un poco de aire, aunque sea del abanico, habré de darme para respirar y después para gritar. Sí, supongo que comenzando por nuestro Jefe de Gobierno, habrá de iniciarse el gran “refrescamiento”.

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