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Por la vida

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aarón Pozos Lanz

Los datos son trágicos: de 1970 a 2007 el suicidio creció en México un 275 por ciento, de manera vertiginosa en el grupo de edad de los 15 a los 29 años de edad. Se convirtió así, según Guillherme Borjes, investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente”, en un problema de salud pública en México.

El especialista advierte que nuestro alarmante porcentaje está por arriba de países como Estados Unidos, Brasil e India. Las causas identificadas que llevan a muchos jóvenes al suicidio tienen que ver con trastornos mentales asociados a problemas de depresión, desempleo, falta de recursos, violencia física o sexual, desintegración familiar y aspectos pasionales, además de escasas expectativas de desarrollo social.

Un dato más actual del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos revela que en los últimos 30 años el índice de personas que se quitan la vida aumentó en un 300 por ciento. Es decir, para 2014, la tasa de suicidios en México presentó tendencia creciente de 114 por ciento al pasar de 2.2 a 4.7 casos por cada 100 mil habitantes. Visto de otra manera, cada 24 horas se suicidaban 16 jóvenes en nuestro país hasta el 2013. Y la tendencia, como vemos, es al alza.

Además de los factores ya enumerados que llevan al suicidio a los jóvenes, se agrega uno más: el bullying. Lo subrayamos porque se trata de la agresión que hay entre niños y jóvenes en las escuelas, y que los especialistas atribuyen a falta de disciplina tanto en los hogares como en las propias escuelas.

Hay muchísimos casos de suicidios juveniles, incluso infantiles, porque es una forma extrema de acabar o poner fin a las agresiones que se sufren, según Edith Padrón Sólomon, jefa de la clínica de las emociones del Hospital Psiquiátrico Infantil “Dr. Juan N. Navarro”.

El tema nos interesa, nos mueve desde diferentes perspectivas. Por un lado, como padres de familia que en casa tenemos niños, adolescentes o jóvenes, y nos preocupamos porque tengan un desarrollo adecuado, que les permita convertirse en mujeres y hombres de bien, productivos para sus propias familias y la sociedad.

Por otro lado, de acuerdo a los datos del INEGI del año pasado, entre las entidades con mayor tasa de suicidios se encuentran Aguascalientes con 9.2; Quintana Roo con 8.8 y Campeche (mi entidad natal) con 8.5. En este último caso, hemos sido testigos de las acciones que han emprendido los últimos gobiernos para tratar de contrarrestar este fenómeno, empezando por programas en las escuelas. Es decir, se han instaurado políticas públicas que nos ayuden y que seguramente con su fortalecimiento darán los resultados positivos que esperamos.

Y finalmente, desde nuestra ocupación en el Senado de la República, nos importa saber qué políticas públicas se han implementado a nivel nacional, y cuáles han sido sus resultados, para afrontar el tema del suicidio que en 2013 dejó cinco mil 909 muertes, el uno por ciento del total de muertes registradas.

Según la investigadora, Corina Benjet, en México existen esfuerzos individuales para prevenir el suicidio, sin embargo, muchos de estos no logran su continuidad por lo que debería contarse con un Plan Nacional de Prevención del Suicidio. Nuestro país, por ejemplo, en los Servicios de Atención de Psiquiatría, cuenta con un protocolo de atención para personas que presentan riesgo de suicidio derivados de problemas mentales.

El Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, brinda respuesta a este problema de salud pública a través del Programa de Acción Específico de Atención Psiquiátrica 2013-2018, que tiene entre sus objetivos realizar prevención y educación de los trastornos mentales prioritarios relacionados con el suicidio y atención a la población en riesgo.

El Senado ya ha solicitado a la Secretaría de Salud, a los gobiernos estatales, informes detallados de las tasas o índices de suicidios, y las políticas y medidas preventivas que han adoptado.

Estamos pendientes, preocupados y ocupados por el fenómeno del suicidio. No podemos dejar que nos gane la partida. El riesgo mayor es para nuestros niños y jóvenes, ni más ni menos que el presente y futuro de México. Sin embargo, estamos convencidos, precisamente a partir de los datos con que contamos y de las acciones que se realizan, que nuestra propuesta es por la vida y la felicidad.

El otro lado para atender el problema es crear espacios, programas y estrategias que le permitan a nuestros niños y jóvenes un desarrollo equilibrado, tranquilo, productivo, que los haga pensar en la vida por delante, en la búsqueda de la felicidad, y no en la muerte.
*Senador