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¿Por qué Niza?

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

Era una noche más, alegre y festiva, en la que los ciudadanos, en su mayoría turistas, acababan de disfrutar frente al Mar Mediterráneo, en el legendario Paseo de los Ingleses, los fastuosos fuegos pirotécnicos por los festejos de un aniversario más de la Revolución Francesa, cuando de pronto la tragedia –la peor de su historia- se hizo presente en Niza, al surgir de entre la obscuridad un espectral camión embistiendo a cuanto ser humano encontraba a su paso en su zigzagueante cacería a lo largo de eternos dos kilómetros, sembrando el pánico entre los miles de asistentes que, aterrados, escuchaban gritos desgarradores mientras sus ojos observaban, desorbitados, cómo decenas de cuerpos desmembrados volaban o yacían aplastados al paso del vehículo, inundando de sangre y dolor una de las avenidas más emblemáticas de la Riviera francesa sin comprender la dantesca escena. Brutal matanza que solo terminó cuando la Policía francesa abatió al conductor del mortal automotor, que más tarde se supo era de origen tunecino.

¿Por qué Niza, la cuna de Giuseppe Garibaldi, la antigua Niké, así denominada en honor a la Victoria por los griegos que la fundaron como puerto comercial y ocuparon durante más de dos milenios, hasta ser conquistada por los romanos y desde entonces quedar vinculada por otros dos mil años a la historia de Italia y pertenecer a Francia solo desde 1860, en que fue cedida por Vittorio Emanuele II y el ministro Cavour como compensación por su apoyo a la unidad italiana, a tal grado que Garibaldi sentenciaba: “Si Niza y Córcega son francesas ¡yo soy tártaro!” ¿Por qué la ciudad nizarda, más italiana y hoy cosmopolita que gálica? Para el presidente Hollande “Porque es una de las más hermosas ciudades del mundo”. Sí, sin duda, pero aún más: herir a Niza, paradójicamente la ciudad menos francesa, es lacerar a Francia en el sitio al que llegaron los exiliados franceses tras la independencia argelina y donde la islamofobia ha ido en aumento. Es herir a Europa donde en 2001 la Unión Europea (UE) firmó el Tratado cuyo objetivo fue eliminar los obstáculos del Tratado de Ámsterdam y preparar a las instituciones para ampliar la influencia de la UE hacia el centro y este europeos, lo que permitió en 2004 incorporar a 10 nuevos países. Y es herir al mundo el día en que gran parte de éste celebra a la libertad, no solo como ideal revolucionario sino como el más apreciado principio existencial de la cultura de Occidente: opuesto a todo fundamentalismo ideológico. Hasta ahora el saldo del monstruoso ataque es de 84 muertos y 202 heridos –de ellos 10 infantes muertos y 50 heridos-, de los que 52 se debaten entre la vida y la muerte, procedentes de nacionalidades diversas: francesa, italiana, ucraniana, armenia, alemana, estadunidense, suiza, española, marroquí. Lo mismo católicos, judíos que islamitas, como lo reflejan las dramáticas tumbas improvisadas en la vía donde fueron privados de la vida. Cada uno, una historia estrujante de dolor y, en algunos casos, de heroísmo, como el esposo de 27 años que interpuso su cuerpo para evitar que su mujer embarazada fuera arrollada.

¿Fue la acción magnicida de un psicópata o la de un “lobo estepario” que inaugura una nueva modalidad terrorista de ataque imposible de prever? De una u otra forma, “la gravedad de esta escalofriante masacre es colosal porque evidencia prístinamente la extrema vulnerabilidad a la que la humanidad está expuesta, sin distingo de raza, nación, status o credo”, como consecuencia de haberse permitido ser secuestrada por la ambición y la sed de venganza y como prueba fehaciente de la crisis moral que domina a un mundo cada vez más descarnado y violento, irracional, insensible y bestialmente despiadado.
bettyzanolli@gmail.com               @BettyZanolli