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¿Por qué nos espantamos?

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aaron Pozos Lanz

Puede ser que en realidad, más allá de los muchos temores que se han despertado desde antes y después de la elección en Estados Unidos de Norteamérica el pasado martes 8, estemos ante dos Donald Trump: el de la campaña y el que ya es presidente electo.

Es cierto, Trump se montó en una campaña de acusaciones, de desprestigios, de compromisos que despertaron un espíritu estadunidense que no habíamos observado y que se manifestó en la elección del pasado martes. Norteamérica para los norteamericanos parece subrayar el resultado de la votación, y no está mal para ellos, independientemente de los temores, dudas o certezas que despierte en los mexicanos y los ciudadanos del resto del mundo.

Las campañas de Trump e Hillary no fueron tersas, no fueron respetuosas. Recurrieron a las descalificaciones mutuas y a lo que conoces como “guerra sucia”. Pero no es por ello que los mexicanos nos hayamos alarmado. Las campañas de nosotros suelen ser un poquito peor y hay que admitirlo sin persignaciones y falsas posturas.

¿Qué hay recurrido a todo durante su campaña para ganar el poder hace al norteamericano Trump poco o no confiable? Por supuesto que no. Lo menos que puede tener es el beneficio de la duda.

Hoy, a la luz de los resultados, pese a los protestas que hay todavía en su contra, por encima de la preocupación de otros líderes mundiales que no saben cómo será ya con el poder en las manos, hay quienes empiezan a reconocer que no cualquiera gana la Presidencia del país más poderoso del mundo por casualidad. Y aún más complicado: con los pronósticos en contra, frente a políticos profesionales como los Clinton y los Obama que están terminando su mandato con una gran aceptación y una de las más altas calificaciones de los ciudadanos norteamericanos.

Algo tuvo Trump para vender a los ciudadanos de su país que fueron a votar por él. Algo despertó en los millones que nunca iban a las urnas y  ahora lo hicieron a su favor. Algo especial debe tener quien, incluso, con la opinión en contra de los propios líderes y más connotados republicanos, logró vencer a la política más calificada, con mayor experiencia, para desempeñar el cargo de Presidenta de los Estados Unidos de Norteamérica.

El señor Trump debe asumir la Presidencia en enero próximo, pero desde los primeros minutos en que confirmó su triunfo salió a pedir la unidad, a reconocer lo hecho por su propia contrincante. Quizás sea poco para saber si como presidente electo ya es otro, pero sí suficiente como para advertir que puede transformarse en un hombre de Estado capaz de respetar las instituciones de su país (y la Presidencia lo es en primer lugar).

Suele decirse que si queremos conocer verdaderamente a una persona hay que verla con poder. Trump está en esa circunstancia. Sabíamos primero de él que se forjó como un empresario exitoso, grandilocuente, incluso irrespetuoso de formas y circunstancias; después lo conocimos como un candidato echado para adelante, que le ganó a los políticos profesionales de su partido, que despertó un ánimo norteamericano que esta generación no había visto; ahora, como Presidente electo y a partir de enero como constitucional, esperemos que se transforme en el jefe de Estado norteamericano capaz de conducir a su nación al sendero del progreso, de La Paz y del bienestar.

El mundo, y nosotros los mexicanos, no podemos vivir ni lograr una relación de normalidad con el vecino país si nos dejamos llevar por impresiones del pasado, porque en el pasado inmediato están las campañas políticas y las promesas que se hicieron durante ellas. Hoy, Trump es el presidente electo y lo que se le avecina, tomar las riendas del país más poderoso del mundo seguro le llevará su tiempo y sus dificultades. Estados Unidos no es un país bananero, válgase la expresión, al que puede llegar cualquiera a hacer irresponsablemente lo que quiera. Tienen sus propias formas probadas, sus propias leyes y ordenamientos que funcionan, sus instituciones que están por encima de cualquiera.

Confiemos, pero más que nada, preparemos el camino que debemos seguir como cuando asumieron los Bush o Clinton o el propio Obama, por mencionar los más recientes. Nuestra relación con Norteamérica nunca ha sido fácil, ya lo sabemos, y si ya lo sabemos ¿por qué nos espantamos?
*Senador