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¿Por qué? / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

En 1944 llegó a México el investigador agrícola Norman Borlaug. Uno de sus maestros de la Universidad de Minnesota obtuvo un financiamiento de la fundación Rockefeller para que Borlaug viniera a trabajar en el programa de incremento de rendimientos agrícolas que había fundado la Escuela –hoy Universidad–  de Estudios Agrícolas de Chapingo. Sus trabajos de investigación y experimentales dieron origen al maíz y el trigo enanos. La producción anual aumentó en 50 por ciento y México se convirtió en exportador de cereales. Había comenzado en el mundo La Revolución Verde. Borlaug ingresó entonces al Centro de Investigaciones Agrícolas de Dupont, el consorcio químico  internacional.

Se comenzaron a emplear plaguicidas, herbicidas y fertilizantes para el cultivo de variedades de cereales que asegurarán el aumento de la producción mundial de granos alimenticios. Se sembraron cada una de las variedades mejoradas de maíz y trigo en un solo predio durante todo el año. Ese “monocultivo” lo regaban con enormes volúmenes de agua saturada de fertilizantes y plaguicidas. La producción de maíz, trigo y arroz se quintuplicó.

El programa de Chapingo, conocido en el mundo como el Centro de Estudios Agrícolas Especiales, se convirtió en 1963 en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT).

Punyab, en India, adoptó un arroz semienano producido en Filipinas que aumentó en cinco toneladas el rendimiento por hectárea, sin fertilizante, y en diez toneladas con fertilizante. Se produjo en India “el milagro del arroz.” Surgieron problemas de inmediato. Se elevó el costo de semillas y la tecnología, y aparecieron nuevas plagas. Fue ineludible el empleo de mayores proporciones de plaguicidas y de fertilizantes que se filtraron a los mantos friáticos los cuales contaminaron el agua para beber de los habitantes de las vastas regiones de Punyab. Una de las publicaciones de mayor calidad editorial y fotográfica de Estados Unidos, dedicó hace unos 6 u 8 años un reportaje de los estragos que la Revolución del Arroz ha ocasionado. Las fotografías de ancianos, jóvenes y niños deformes son aterradoras. Y la región se encuentra en un círculo vicioso. La demanda de alimentos ha crecido, pero no pueden enfrentarla porque semillas y fertilizantes tienen hoy precios muy altos. Morirán más personas. O tendrán que vivir auxiliadas por sistemas de protección a la salud cuyos costos hoy son muy elevados. El principal promotor de la Revolución Verde es la gigantesca Monsanto, la preeminente productora de fertilizantes, semillas mejoradas y semillas transgénicas. De una panacea, los cereales transgénicos se han convertido en generadores de epidemias mortales.

Durante el sexenio 2006-2012 se extendieron en México los cultivos de maíz, cebada, trigo, frijol, cobijados en la oscura y mentirosa nomenclatura de “cultivos experimentales.”

El día 4 noviembre la Suprema Corte de Justicia suspendió temporalmente el permiso de cultivos experimentales que se habían otorgado a Monsanto para producir en Yucatán y Campeche soya transgénica en 253 mil 500 hectáreas. Un permiso anterior fue de 30 mil. El Supremo Tribunal ordenó que se efectúe una consulta entre las comunidades de productores tradicionales de miel, once mil 200 productores de 25 mil familias de Yucatán y Campeche. La Constitución de la República, de conformidad con la declaración de la ONU sobre seguridad de los Pueblos Indígenas, obligan a los Gobiernos a consultarlos antes de otorgar un permiso para un cultivo con técnicas nocivas. Los gobernantes de tres Estados con numerosos productores descendientes de las culturas originales no los consultaron. No obstante que esos… indios, aportan al mundo el 10 por ciento de la producción de miel. ¿Por qué? ¡Por qué no los consultaron!