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Por qué una Secretaría de Cultura / Blanca Alcalá

  • Blanca Alcalá

Mucho se ha dicho respecto de que la cultura no puede legislarse. Y efectivamente, la creación cultural, las tradiciones populares, las lenguas indígenas, el teatro, la danza o cualquier otra expresión de las artes y las culturas populares de nuestro país puede ser objeto de reglas, pues una característica esencial del momento creativo es la libertad.

Lo que sí se puede legislar, y de hecho constituye una obligación constitucional, es la función de las instituciones de cultura y las atribuciones de los responsables de las mismas, no solo por el hecho de que manejan recursos públicos, sino porque la cultura representa la oportunidad de brindarle a las personas elementos que contribuyan a su formación integral, como lo establece el artículo tercero de la Constitución.

¿Para qué queremos una Secretaría de Cultura? En primer lugar, para que sea reconocida como una función sustantiva del Estado que permita respetar, promover y proteger los derechos culturales de los mexicanos, esto es: el acceso a la cultura y a los bienes y servicios que prestan las instituciones de Estado en la materia, el respeto a la libertad creativa, el reconocimiento promoción y difusión de la diversidad y pluralidad cultural, el fortalecimiento de la identidad, la comunicación en la lengua o idioma de elección de las personas o el respeto a la preferencia y práctica de una identidad cultural en lo individual y de manera colectiva, entre otros tantos derechos.

En segundo lugar, optamos por una Secretaría de Cultura, a fin de que un conjunto de instituciones gubernamentales contribuyan a fortalecer y, en algunos casos, restituir el tejido social de muchas comunidades del país para estrechar vínculos entre personas, grupos, comunidades y generaciones, para que las personas de cualquier edad y género, tengan opciones que contribuyan a reducir los niveles delictivos y de violencia, además de favorecer los lazos de cooperación y confianza entre las personas a través de las actividades culturales.

En tercer lugar, se considera que una Secretaría de despacho en materia cultural posibilitaría engrandecer la labor de cientos de miles de creadores mexicanos, en las más variadas expresiones de la cultura y el arte; desde las manifestaciones artesanales enraizadas en las comunidades indígenas, hasta las obras más excelsas de las artes escénicas, para llevar el lenguaje de México al mundo y comunicar lo mejor y más profundo de nosotros: cultura, arte y tradición.

La Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados hemos logrado un acuerdo en el que básicamente se ha considerado la propuesta del titular del Ejecutivo. Se reconoce que la Ley Orgánica de la Administración Pública tiene una correspondencia importante con el Plan Nacional de Desarrollo y del Programa de Arte y Cultura. Existen objetivos y propósitos ya encaminados, que se está en la mejor disposición de respetar y promover.

Separar las funciones de cultura de la Secretaría de Educación Pública no se traduce en la eliminación del vínculo histórico entre estas dos materias, pues la relación entre la educación y la cultura es un asunto de Estado, al cual habrán de concurrir, de manera coordinada, ambas secretarías, cada una desde su ámbito de competencia.

Asimismo, la creación de la Secretaría de Cultura no constituye un esfuerzo presupuestal adicional a los recursos que el Estado mexicano destina a la acción cultural institucional, mismos que se ejercen a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y los organismos que coordina. Tampoco constituye un riesgo para los derechos laborales adquiridos por los trabajadores del denominado subsector cultura ni para la operación normal de los organismos, institutos y unidades administrativas coordinadas por el Conaculta.

Con el establecimiento de la nueva dependencia, quedarán sentadas las bases para hacer de la acción cultural institucional un objeto de la política pública para llegar a más personas, grupos y comunidades involucrados en la vida cultural del país, sin dejar de reconocer que, esas expresiones de la diversidad que caracteriza a los mexicanos, constituyen elementos claves en la consolidación de nuestra identidad, de nuestra libertad creativa y de nuestra democracia.

Hoy es tiempo de acreditar en los hechos el interés real por la cultura sin condicionamientos de ningún tipo.

* Senadora de la República por el Estado de Puebla.