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Por Uber / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

En este Kafkahuamilpa en el que nos tocó vivir -como diría la admirada Cristina Pacheco-el Gobierno local da muestras de pasmosa ineptitud todos los días. La ciudad ha crecido a lo tarugo, como las chayoteras, entre la indiferencia, la ineficiencia, la grilla y la corrupción. Sexenios van y sexenios vienen y aquí todo se permite: taxis piratas, multifamiliares de lujo, restaurantes sin estacionamiento, rascacielos que afectarán necesariamente el tránsito, ambulantaje indiscriminado, giros negros, marchas y plantones, camiones del servicio público (empezando por los del propio Gobierno) que echan toda clase de venenos, industrias que contaminan y cuanto hay que contribuya a que en esta ciudad estemos sufriendo más calamidades que los egipcios con sus siete plagas, a las que hay que añadir el consumo de una gasolina bara bara que importamos de China, con altos contenidos de azufre y otras porquerías que producen ozono.

Como he dicho reiteradamente, los usuarios del transporte público practican un deporte de alto riesgo tratando de subirse al Metro, a las micros o al Metrobús en horas pico. Quienes por motivos de edad o de salud estamos impedidos de jugarnos el pellejo en tales vehículos metafóricamente llamados de pasajeros, vimos con beneplácito la llegada de compañías como Uber. Al fin podríamos tener acceso a un taxi seguro, limpio, puntual y cómodo. Muchísimos mexiconautas estamos dispuestos a pagar más por un servicio así.

Claro que las empresas como Uber y Cabify han disgustado a muchos que han intentado boicotearlos. En México, aun cuando nos las damos de modernos y liberales, no nos hemos sacudido todavía la polilla paternalista que le da en la torre a la libre empresa.  Sí, dije bien, libre empresa. Para empezar el concepto de Uber es innovador, es algo más parecido a una cooperativa que a una transnacional despiadada.

Uber -y tal vez este sea su gran pecado- no tiene que tramitar placas especiales, ni pedir permiso a sindicatos charros, ni pasar revistas que se arreglan de a cómo no. Solamente debe contar con vehículos nuevos siempre limpios, conductores corteses y bien presentados, un sistema que opera a través de un teléfono con internet y funcionar como cualquier empresa privada.

El cobro del servicio se rige por el concepto de la tarifa dinámica basada en un algoritmo -no en la discrecionalidad con que se aplican muchas disposiciones legales- que calcula el monto a pagar de acuerdo con la demanda y las unidades disponibles. Cuando se solicita el servicio se le avisa al cliente cuál es el rango de aumento en la tarifa. En ningún momento se le engaña. Cada usuario está en libertad de aceptar o rechazar el precio del servicio.

El Gobierno de la ciudad quiere apergollar a Uber con las tarifas y todos sabemos que por las tarifas controladas el transporte público está como está. Claro, ningún funcionario se sube al metro en hora pico. Los políticos quieren seguir en el poder y los precios bajos ganan votos. Cuando hay tarifas controladas, el subsidio se vuelve indispensable y los subsidios son un barril sin fondo.

Uber ha estado bajo amenaza constante. Es injusto. Lo sucedido con la tarifa altísima el día de la contingencia ya fue subsanado y los directivos de la empresa han aceptado que la tarifa dinámica tendrá un tope de 4.9 veces. Ojalá después de esto dejen que Uber continúe trabajando como otros países -porque, además, traen ideas innovadoras como el taxi compartido que beneficia a los usuarios y al medio ambiente- y también para que nos eduquemos en lo que representa la verdadera libre empresa.
andreacatano@gmail.com