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Posibles causas del “mal humor social” prevaleciente (I)

  • Alejo Martínez

Alejo Martínez

En el artículo del pasado lunes 13 comentábamos sobre cómo se expresó el “mal humor social” en las elecciones del cinco de junio. En realidad ese negativo estado de ánimo solo encontró ahí una coyuntura idónea para manifestarse, pero tales comicios están muy distantes de constituir un desahogo satisfactorio para lograr que desaparezca; sigue muy vivo y no en estado menguante sino creciente. Conviene tener en cuenta que ese mal humor social no es privativo de México, sino que también se está experimentando en diversas partes del mundo tanto desarrollado como del subdesarrollado.

Una manifestación clara de ese mal humor social se expande por la nación de mayor poderío bélico y económico del planeta, y radica en la desconcertante pero muy exitosa campaña presidencial de Donald Trump. Un candidato que, con equilibrada precisión y objetividad, ha sido calificado como ignorante, racista, inexperto en asuntos de Estado, xenófobo, misógino, narcisista, así como tramposo, defraudador e ineficiente como empresario, pero a pesar de todas esas ostensibles características, detenta un atributo fundamental que lo hace sumamente atractivo para gran parte del electorado norteamericano: expresa con contundencia gran furia, enojo desbordado, ataca indiscriminadamente, pero en particular arremete contra quienes son percibidos por sus seguidores como culpables de parte sustancial de sus personales problemáticas.

Embiste contra todos los trabajadores indocumentados, contra los millones de mexicanos con estancia ilegal, promueve con estólido simplismo la construcción de un muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera, condena y se opone al TLCAN, NAFTA o Tratado de Libre Comercio con México y Canadá porque, junto con sus millones de seguidores, considera que es así como deben defenderse los niveles de empleo que cada vez escasean y preocupan más a gran parte del conglomerado estadunidense y mundial.

Es así como se pierde de vista el hecho de que el creciente problema para generar y encontrar empleos formales en las empresas de mayor rentabilidad y más elevadas remuneraciones está muy lejos de ser provocado por inmigrantes tercermundistas. Es el natural producto de los cada vez más intensivos procesos de mecanización, automatización y robotización, lo que exige cuantiosas inversiones de capital, las cuales a su vez, al adquirir primacía, tienen como consecuencia un lógico desplazamiento de la mano de obra en las áreas de mayor rentabilidad.

El mundo de gente que se ha visto directa o indirectamente afectada por este rampante fenómeno se encuentra muy a disgusto con sus condiciones de vida y tiende a imputar la culpabilidad a las figuras más visibles, que pueden ser esos inmigrantes y los rebasados Gobiernos en funciones que no alcanzan a dimensionar y menos aun a atender el problema de decadencia del empleo. Ese fenómeno de ninguna forma es exclusivo de EU, los florecientes movimientos de extrema derecha en Europa obedecen a una lógica muy similar. Pero no solo las corrientes de derecha se están viendo impulsadas por tales afectaciones; también las de izquierda resienten el impacto, aunque su disgusto tiendan a enfocarlo más hacia los rebasados Gobiernos y un tanto menos contra los grandes flujos de indocumentados.

En contra del TLCAN y del TransPacif Partnership (TPP) se han manifestado los 3 candidatos presidenciales que se encuentran aun en la liza: Hillary Clinton, Trump y el izquierdista John Kasich. La razón es que se despierta enorme indignación entre buena parte de la sociedad estadunidense ante noticias que llegan a adquirir inusitada difusión por los medios y las redes sociales, como fue el caso de la fábrica Carrier de calderas y equipos de calefacción, que de su planta en Indianápolis trasladaría sus mil 400 empleos a México, y ello sin contar el popular descontento por las múltiples plantas automotrices y de otros ramos que han recorrido trayectorias similares. Resulta pues lógico que los candidatos quieran ponerse en consonancia con esas animadversiones emocionales, que se rehúsan a tomar en cuenta otros factores explicativos de los profundos cambios que estamos experimentando en nuestro hoy muy revolucionado y convulsionado mundo.
amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell
Desplazamiento del empleo por innovación tecnológica e intensivo capital.