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Población y desarrollo sostenible en América Latina

  • Esteban Caballero

Postergar el futuro

El sentido común a menudo razona argumentando que mientras más gente haya, mayor es el impacto ambiental (tanto social como natural). Sin duda, el número de gente es una variable que hay que tomar en cuenta, pero no es la variable determinante cuando de desarrollo sostenible hablamos. No es necesariamente el tamaño de la población lo que impacta de manera negativa el medio ambiente, sino el tipo de actividad humana, particularmente sus patrones de consumo y producción.

La comunidad de naciones acaba de dar curso a la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, calificada como una agenda “civilizatoria”, que nos brinda una oportunidad única para evitar que, lo económico, lo social y lo medio ambiental se conjuguen  para llevarnos a una hecatombe global. Sin embargo, estos acuerdos y compromisos interpelan a la región de América Latina y el Caribe en una coyuntura particularmente difícil. Nuestra preocupación es que ante un crecimiento económico anémico, de 0.7 por ciento, según Cepal, las economías van a estar buscando maneras de crecer rápidamente, sin necesariamente priorizar las inversiones en una economía verde, dejando de lado esa preocupación por los patrones de consumo y producción sostenibles mencionados más arriba. Más aún en los países de la región en los que la producción de petróleo constituye una pieza fundamental de su proyección hacia el futuro.

A inicios de la década de los 90, los tomadores de decisión decían que la prioridad en la región era el desarrollo económico sostenible, y que este sería tanto mejor si no tuviese un impacto ambiental, pero el orden de los factores era primero el desarrollo económico y luego el impacto ambiental. Esta visión desarrollista, hoy por hoy, ya no es tan fácil defender. La Agenda 2030 se concibe como una agenda de desarrollo sostenible integral. Si a principios de los 90 no veíamos con tanta claridad el costo de no cuidar esta integralidad, hoy el daño causado por desastres naturales ocasionados por fenómenos meteorológicos vinculados al cambio climático, o los impactos ambientales de determinados patrones de producción en la minería o la agricultura nos dan la pauta de las consecuencias a las que nos tendremos que afrontar si no apostamos por la economía verde.

Según las proyecciones de población, América Latina tiene actualmente 625 millones de habitantes y seguirá creciendo de manera moderada hasta llegar a un pico de 792 millones en 2072, para luego comenzar un proceso de descenso. Son las nuevas  generaciones las que deberán lidiar con los desafíos del desarrollo sostenible y el factor clave serán sus patrones de consumo y producción. Es esta población la que deberá encontrar soluciones a sus más básicas necesidades y prosperar, usando la principal herramienta que es el ingreso obtenido a través del empleo o el emprendimiento, pero sin dejar una huella que impida que las próximas generaciones lo puedan hacer también. En este plano vemos dos desafíos.

Por un lado, desde la óptica del consumo hay muchas cosas que se pueden hacer, desde apagar la luz cuando uno no la está usando, hasta optar por comprar productos, obtener residencias y utilizar medios de transporte que no impacten negativamente el ambiente. Sin embargo, en el contexto actual, por los niveles de pobreza y vulnerabilidad que existen el consumidor latinoamericano no siempre puede ejercer opciones, sino que está restringido a optar por lo más económico, que no siempre es lo más ecológico.

Por el otro, quizás el gran desafío es la conversión de la base productiva, que conlleva una convergencia de las mismas políticas de inversión del sector privado como de la voluntad política y el poder regulatorio de los Estados. Encontrar soluciones sostenibles a los patrones de producción tradicionales, en una región donde no habrá ayuda internacional significativa; en donde existen los menores niveles de inversión en investigación y desarrollo y en donde los ejes de muchas economías pasan por las industrias extractivas y la explotación de energías fósiles, no deja de plantearnos enormes desafíos y ante los cuáles nos resta abogar porque no queden ignorados o que se intenten postergar hasta que soplen mejores vientos.

* Politólogo. Director regional para América Latina y el Caribe, del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).