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Precandidatos autodescalificados

  • Benjamín González Roaro

En plena disputa por las candidaturas presidenciales para el 2018, los diferentes aspirantes mantienen un intenso activismo, ya sea para obtener la nominación al interior de sus respectivos partidos o bien, postularse por la vía independiente.

Actualmente, varios de los que buscan ser candidatos ocupan posiciones de Gobierno; es el caso de Eruviel Ávila, Miguel Ángel Mancera, Silvano Aureoles y Jaime Rodríguez, “El Bronco”. En una situación diferente están Miguel Ángel Osorio Chong y Rafael Moreno Valle, este último hasta hace unos meses gobernador de Puebla.

Son muchos los que están más que puestos a dirigir el rumbo de la nación. Los ciudadanos esperaríamos que todos estos personajes fundamentaran sus aspiraciones de poder, con base a los resultados logrados en las responsabilidades que ocupan o han ocupado.

Habiendo tantos problemas en el país: desbordamiento de la inseguridad, corrupción desmedida, profundización de la violencia e incremento en el número de muertos, falta de crecimiento económico, expansión del crimen organizado, ausencia de empleos, recrudecimiento de la pobreza, creciente impunidad, Estados endeudados y carencias graves en salud y educación, entre muchos factores más, lo único que tenemos claro es que, todos estos aspirantes, no solo no han cumplido con muchas de sus promesas, sino que algunos problemas se han agravado. A pesar de ello y de manera inexplicable, sueñan con gobernar al país en los próximos años.

En la Ciudad de México, la inseguridad, homicidios, asaltos a conductores, a transeúntes, en el transporte público y en restaurantes, así como el robo de vehículos, autopartes y comercios, se han disparado en el último año.

En Nuevo León impera el desgobierno y control absoluto de las cárceles por parte de grupos del crimen organizado, aunado a ola de ejecuciones y homicidios que vive la entidad.

En el Estado de México no se queda atrás: robos a personas y transporte, homicidios, secuestro e incremento de la pobreza, desempleo y feminicidios.

En el caso de Puebla, el gobernador saliente dejó como herencia una de las economías más improductivas y estancadas, así como una enorme deuda estatal.

Michoacán, destaca por la ola violencia, expansión del crimen organizado, homicidios, trata de mujeres e inseguridad crecientes, así como el desplazamiento de personas y familias debido a esta situación.

Y por si algo más hiciera falta, es evidente el rotundo fracaso de la estrategia de seguridad implementada por Osorio Chong; también son lamentables los errores de operación política y la manera en que diversas situaciones críticas terminan por rebasar al titular de la Segob.

Considero que la mejor carta de presentación y el mejor capital con que un aspirante presidencial puede buscar el apoyo político-electoral de la sociedad son los resultados de su gestión. Indudablemente, si no existen resultados, tampoco existe autoridad moral y credibilidad para disputar un cargo de mayor responsabilidad.

El pésimo balance en uno u otro tema de sus agendas, automáticamente los descalifica en sus obsesiones políticas. Ojalá que la sociedad lo tenga presente a la hora de votar.

Por ello, me gustaría preguntarles: ¿cómo intentan gobernar a un país entero si la realidad y las cifras demuestran el tamaño de su fracaso?