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Predestinados

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Los padres fundadores -the founding fathers: los padres primigenios- del territorio de la República, de la Federación, conocida como Estados Unidos de América, no solo le dieron denominación a quienes lo habitaban y continuarían habitándolo: Americans, con mayúsculas. También les revelaron las tareas que habrían de asumir para alcanzar su destino evidente, explicado y, por lo tanto, aclarado, declarado, expresado y manifiesto, en consecuencia eucarístico, es decir: ineludible:aquéllo en que deberían transformar la suma de factores fundacionales: territorio, moral, propósito ciudadano y su  situación en el mundo.

El conjunto de diversos grupos de creyentes asumieron la responsabilidad de construir una república dedicada al perfeccionamiento de creencias trascendentes, y por lo tanto infrangibles, inquebrantables.

Establecido el credo, quedaría únicamente la realización de las tareas materiales, las dos más importantes: a) La siempre renovada capacidad de acumular dinero para hacer crecer el territorio bajo su responsabilidad trascendente y b) La difusión universal de los valores a cuyo encuentro se dedicarían los americanos, generación, tras generación, tras generación…

El primer historiador, historiador mexicano –nacido en Málaga, que llegó a México en 1940—que estudió, investigó y explicó el Destino Manifiesto estadunidense fue el inolvidable maestro don Juan Antonio Ortega Medina. En 1972 publica: Destino Manifiesto. Sus razones históricas y su raíz teológica.

En el prólogo señala Ortega Medina “el carácter excesivamente regionalista, casi provinciano de nuestra historiografía, preocupada exclusivamente por estrechas particularidades históricas nacionales…que nos han impedido hasta ahora (1972), estudiar la historia de aquellos países inmediatamente relacionados con nuestro pasado.”“El escaso número de nuestros historiadores europeístas y americanistas nos priva de las luces que sus estudios de la historia extranjera podrían arrojar sobre la nacional”. Menciona Ortega Medina de inmediato el pequeño grupo–al que deberíamos sumarnos—que cultiva la investigación de la historia norteamericana: Josefina Vázquez, Gastón García Cantú, los Bosch García, Silvio Zavala, Cosío Villegas, José Valadés, Vicente Fuentes Díaz.” Habría que agregar al muy lúcido y más reciente José Fuentes Mares que cala profundo en el problema y escribe unos diez años después Génesis del expansionismo norteamericano, trabajo excelente que publica en 1980 el Colegio de México.

Ortega y Medina advierte que el cogollo de la doctrina del Destino Manifiesto se remonta al siglo XVI, cuando estalla la reforma anglicana-alemana-puritana. Los estadunidenses “recogerán los elementos conflictivos de la tremebunda controversia de tres siglos” y con ellos construyen la doctrina justificativa de su poder, de su superioridad, y de su predestinado y revelado propósito de imperio. A partir de la independencia comienza a elaborarse la doctrina del destino revelado, ineludible, inexorable, patente o evidente –manifest–: “destino anticipado, ineludible que proviene de la ancestral teología puritana discriminatoria que establece la tajante división entre hombres, razas y naciones elegidos, y catervas de hombres réprobos.”La presidencia del nuevo representante del Destino Manifiesto no esgrimirá justificantes económicos. Se fundamentará en credos que no admiten discusión. El mundo está en el umbral del moderno medievo.