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Premier islandés, primera víctima del escándalo de los papeles de Panamá

  • Carlos Siula

Carlos Siula / El Sol de México

Corresponsal

PARÍS, Francia, (OEM-Informex).– El escándalo planetario de los Papeles de Panamá cobró ayer su primera víctima cuando el primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson, presentó su renuncia después del repudio generalizado de la opinión pública del país.

En un esfuerzo desesperado por aferrarse al poder, el jefe de Gobierno le pidió al presidente Ólafur Ragnar Grímsson, de 72 años, que disolviera el Parlamento y convocara a nuevas elecciones, pero el jefe del Estado no le dejó otra alternativa que la dimisión, al anunciar que tenía el propósito de iniciar una rueda de consultas con otros partidos. Ese proceso conducirá probablemente a la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas.

Una investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) permitió descubrir que Gunnlaugsson, de 41 años, y su esposa, la millonaria Sigurlaug Pálsdóttir, eran dueños de la sociedad Wintris en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes británicas. Esa empresa tenía casi cuatro millones de dólares en bonos en los tres principales bancos islandeses (Glitnir, Landsbanki y Kaupþing), que debieron ser nacionalizados durante la crisis de 2008 para evitar el default del país.

Gunnlaugsson entró al Parlamento islandés en 2009 y a finales de ese año le vendió por un dólar a su esposa el 50 por ciento de participación que tenía en la empresa Wintris.

Esos datos figuran entre los 11.5 millones de documentos de archivo del bufete de abogados Mossack Fonseca revelados en el marco de la investigación del ICIJ, conocida como los Papeles de Panamá.

La situación del primer ministro se había tornado extremadamente frágil después de esas revelaciones, de la abrupta interrupción de una entrevista por televisión —en que interrumpió el diálogo y abandonó la sala— y de la reacción de los islandeses, que el lunes realizaron una impresionante manifestación de 20 mil personas ante el Parlamento para pedir su dimisión.

Lo que más ofendió a los islandeses es que Gunnlaugsson le mintió a todo el país por televisión, asegurando que no poseía ninguna empresa en un paraíso fiscal.

Después de su reunión con Gunnlaugsson, el presidente le pedirá a los partidos que traten de formar una nueva alianza gubernamental. En esa solución podrán intervenir incluso los mismos partidos que integraban la actual coalición en el poder, pero Gunnlaugsson no podrá volver a ocupar el cargo de primer ministro.

El Partido de la Independencia, que formaba parte de la alianza con el Partido del Progreso de Gunnlaugsson, hasta ahora no se pronunció sobre las revelaciones divulgadas en el marco del escándalo de los llamados Papeles de Panamá.

Antes de que se conociera la renuncia de Gunnlaugsson, los cuatro partidos de la oposición —socialdemócratas, Piratas, Izquierda-Verdes y Futuro Brillante— solicitaron oficialmente un voto de censura contra el primer ministro.

Si prospera el voto de censura o no se consigue formar una nueva coalición de Gobierno, entonces el presidente Ólafur Ragnar Grímss se verá obligado a disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas.