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Premio nobel de Economía

  • Paul Krugman

Paul Krugman

 

La técnica del “gran mentiroso”

 

Largo tiempo atrás, ya saben quién sugirió que los propagandistas deberían aplicar la técnica de la “gran mentira”: hacer tan grandes sus falsedades, tan flagrantes, que serían ampliamente aceptadas, porque nadie creería que ellos estaban mintiendo a tal magnitud. Además, la técnica ha funcionado bien para déspotas y aspirantes a déspotas desde entonces.

Sin embargo, Donald Trump ha ideado algo nuevo, lo cual podemos llamar la técnica de la “gran mentira”. Si se toman una a la vez, sus mentiras son medianas, no triviales, pero en su mayoría sin subir al nivel de libelo de sangre. Sin embargo, las mentiras son continuas, llegando en un torrente constante y nunca son reconocidas, simplemente repetidas. Es evidente que él cree que esta estrategia, mantendrá desconcertados a los medios informativos, incapaces de creer, o cuando menos afirmar abiertamente, que el candidato de un partido grande mienta tanto.

Además, el foro televisado “Comandante en jefe” de la noche del miércoles sugirió que él pudiera estar en lo correcto.

Descargo de responsabilidad obligatorio: No, no estoy diciendo que Trump sea otro Hitler. Más como Mussolini. Pero, me desvío del tema.

De vuelta al punto: Todos los políticos son seres humanos, lo cual significa que todos ellos a veces matizan la verdad. (Muéstrenme a alguien que alega nunca mentir y yo, les mostraré alguien que está mintiendo.) La cuestión radica en cuánto mienten y con cuánta consecuencia.

No por ser demasiado fino al respecto, Hillary Clinton ha sido reservada en cuanto a sus arreglos de correo electrónico cuando era secretaria de Estado de EU. Pero, cuando se ve lo que efectivamente tienen que decir los independientes verificadores de hechos que le han dado a ella un índice “mentirosa” o “cuatro Pinochos” con respecto a este tema, es notablemente débil: ella enfrenta acusaciones de haber sido excesivamente legalista o exagerado el grado hasta el cual ella ha sido exonerada, pero no de hacer grandes reclamos que chocan totalmente con la realidad.

Ah, y eso a duras penas fue cubierto por los medios informativos, pero su alegato en el sentido que Colin Powell le aconsejó crear una cuenta privada de correo electrónico fue… completamente cierto, validado por un mensaje de correo que Powell envió tres días después de que ella asumiera el puesto, lo cual contradice una parte de los propios alegatos de Powell .

Y, en general, el registro de la ex secretaria con respecto a veracidad, según lo compilado por PolitiFact, se ve bastante bien para un político, mucho mejor que cualquiera de los contendientes por la nominación republicana, y para lo que es igual, mucho mejor que el de Mitt Romney en la última elección presidencial.

Trump, por otra parte, está en una clase aparte. Miente sobre estadísticas como la tasa de desempleo y la tasa de delincuencia. Miente sobre política exterior: El presidente Barack Obama es “el fundador de ISIS”. Pero, sobre todo, el miente sobre sí mismo y cuando las mentiras son expuestas, el solo sigue repitiéndolas.

Una obvia pregunta yendo al foro del miércoles, era saber si Trump repetiría su frecuente alegato de que el se había opuesto a la Guerra de Irak desde el comienzo. Este alegato es demostrablemente falso: sus únicos comentarios documentados previos a dicha guerra con respecto al tema apoyan la guerra, y la entrevista que a el le gusta citar como evidencia de su presagio, tuvo lugar más de un año después de que empezara la guerra. Sin embargo, el lo sigue diciendo de todos modos, si lo hiciera de nuevo, ¿cómo respondería el moderador Matt Lauer?

Bien, el efectivamente lo hizo de nuevo y Lauer, quien usó aproximadamente un tercio de su tiempo con Clinton hablando sobre mensajes de correo electrónico, lo dejó pasar y continuó a la siguiente pregunta.

¿Por qué es aparentemente tan difícil llamar a Trump a rendir cuentas por flagrantes mentiras dicha de frente? Una parte de la respuesta pudiera ser que los periodistas se abruman por el solo volumen de indignante material. Después de todo, ¿cuál línea de Trump debería ser el título para un análisis noticioso del evento del miércoles? ¿Su mentira sobre Irak ¿Su elogio a Vladimir Putin, quien “tiene un índice de aprobación de 82 por ciento?” ¿Su denigración de las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuyos comandantes, dice, han sido “reducidos a escombros?”

Existe también una profunda timidez con respecto a destacar verdades incómodas. De vuelta en 2000, cuando empecé a escribir esta columna, me desalentaron a usar la palabra “mentira” con respecto a los deshonestos alegatos de George W. Bush con respecto a estrategia. Según recuerdo, me dijeron que era inapropiado ser tan directo con respecto al candidato de uno de nuestros dos principales partidos políticos. Algo muy similar pudiera estar en marcha incluso actualmente, con poca gente en los medios informativos dispuesta a aceptar la realidad de que el Partido Republicano ha nominado a alguien cuyas mentiras son tan flagrantes y frecuentes que equivalen a sociopatía.

Sin embargo, incluso esa observación no explica la asimetría, debido a que algunas de las mismas organizaciones de medios, que al parecer encuentran imposible señalar las burdas mentiras relevantes no tienen problema con acosar a Clinton incesantemente en torno a errores menores en declaraciones y exageraciones, o algunas veces en torno a acciones que fueron perfectamente inocentes. ¿Es eso sexismo? Realmente no lo se, pero es perturbador verlo.

Y, en el ínterin, si la cuestión gira en torno a si Trump puede realmente salirse con la suya con su rutina de gran mentiroso, la evidencia de la noche del miércoles sugiere una descorazonadora respuesta: a menos que algo cambie, sí, sí puede.