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Presencia de De Gaulle y Mitterrand

  • Rosamaría Villarello

Emmanuel Macron, presidente electo francés, festejó su amplio triunfo en la explanada del museo Louvre, cuna del Estado moderno creado por Luis XIV, aunque también residencia de la monarquía, y con el sello que le imprimió Mitterrand al haber transformado ese lugar.

“Escogió un edificio que encarna la Francia más universal, la cultura y los valores de la Ilustración, como persiguiendo una grandeur (grandeza) reanimada”, opina la semióloga Cécile Alduy. Y, en efecto, la vida, la campaña y los resultados de las elecciones están llenos de simbolismos, algo que aprecia mucho la sociedad gala, sobre todo en tiempos de incertidumbre y nostalgia por su papel en el mundo.

Tan es así, que los principales medios de comunicación han resaltado copiosamente la aparición pública de Macron la noche del pasado domingo, haciendo la analogía con dos hombres que han marcado los destinos de Francia, en sus respectivos momentos. Son indudablemente referentes muy importantes.

Haber puesto como fondo el “Himno de la Alegría” de Beethoven como lo hizo Mitterrand en su momento, reafirma sus convicciones con respecto a su política en la Unión Europea. Este pequeño gran detalle no ha sido omiso de críticas, lo que seguramente será subsanado con la “Marseillaise” (Marsellesa) el día de su toma de posesión, para reafirmar su voluntad de amalgamar las diferentes corrientes de toda la sociedad.

Puede que en otras condiciones hacer alusión a dos hombres y a dos épocas pasadas no hubiese tenido el impacto que hoy tuvieron. El espectro de De Gaulle del “hombre frente a su pueblo” ha sido considerado como parte de la liturgia republicana, según el escritor Christian Salmon.

A Macron le espera un camino arduo, pero la decisión de convertir su movimiento En marche! en partido político, permitirá reunir a muchos que hoy votaron por él y tener una posición más determinante ante a la renovación que se anunció del Frente Nacional como primera oposición. Vienen las elecciones legislativas y sería una lástima que la misma extrema izquierda que se abstuvo de apoyarlo, no camine reforzando posiciones del centro que representa Macron.

Un plus del nuevo presidente está precisamente en el papel que ha jugado Brigitte Trogneux, su esposa que hasta ahora usa su apellido paterno. Su histrionismo en el mejor sentido y enseñado por ella desde su juventud, demuestra que las artes son un elemento indispensable en la política; de lo que quieres transmitir al público y en este caso a los electores. Lo logró.

Lo que puede hubiese sido muy criticado en otras latitudes, la de crear la figura de “primer dama” tiene acaso una diferente interpretación: que las mujeres reconocerían como un acierto al darle un lugar al papel que ella ha jugado y seguramente tendrá en el gobierno de su marido, sin el estigma existente en otros lugares. No sé hasta qué punto la figura de Danielle Miterrand pesará sobre ella, pero inclusive, fuera de toda interpretación freudiana, Brigitte seguirá siendo un sostén fundamental como el propio Emmanuel lo ha repetido a voces y un referente de las mujeres en la política.