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PRI, partido vivo

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aaron Pozos Lanz

Frente a una sociedad moderna, mejor informada, más consciente de sus derechos y de sus libertades, el Estado mexicano y sus instituciones, quienes las integramos, tenemos la obligación de responder con altura, con absoluta responsabilidad y respeto.

Entendemos que las nuevas generaciones exigen desterrar modelos arcaicos, corruptos, que no responden a los valores para lograr una sociedad más justa e igualitaria, como lo ha subrayado el presidente Enrique Peña Nieto.

Si el Estado mexicano, los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, han podido avanzar con la creación de leyes, como las que integran el Sistema Nacional Anticorrupción, precisamente en respuesta a las nuevas generaciones de mexicanos que nos están exigiendo acabar con cánceres sociales como la corrupción y la impunidad que tanto nos han lastimado, instituciones como los partidos políticos, que son entes de interés público, a través de los cuales se obtiene el poder público en nuestro país, no pueden quedarse atrás.

Subrayamos particularmente la actuación del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el cual militamos. No queda duda que el PRI, a través de su historia, ha sido una institución política con enormes aportes a la lucha democrática, a la consolidación de las instituciones y a la formación del México moderno. Pero los tiempos han cambiado y la propia sociedad nos ha exigido marchar al mismo paso que las nuevas generaciones, escuchando sus reclamos, atendiendo sus necesidades.

Esos reclamos son para desterrar la corrupción y la impunidad, para acabar con el influyentismo y que la justicia sea como debe ser: pareja para todos. En el PRI lo entendimos muy bien y con la guía del presidente Peña Nieto, de la mano de nuestro dirigente nacional Enrique Ochoa Reza, hemos emprendido acciones que tienen que ver, ante todo, con esa exigencia social a que hicimos referencia.

Es cierto, el PRI postula y los ciudadanos eligen, y si bien por años el Partido se desentendió de los priístas convertidos en gobernantes, y éstos a su vez ignoraron el origen de su ascenso, salvo para nuevas postulaciones o refugio ante asechanzas peligrosas a sus propios proyectos personales, eso se acabó.

Estamos convencidos que el PRI, cuyos postulados recogieron la esencia revolucionaria de justicia social, debe ser un partido vivo, actuante, contestatario, exigente, que no solo busque el debate con otras instituciones partidistas, sino que reclame y lleve a juicio a los priístas (o de otros partidos) que convertidos en gobernantes no respondan a sus gobernados con honradez, compromiso y trabajo.

Por ello vemos como un acto de congruencia frente a la sociedad mexicana la decisión de mi Partido, de someter a juicio de la Comisión de Justicia Partidaria, para suspender sus derechos (que podría llegar a la expulsión una vez que la instancia de justicia correspondiente dé su veredicto) al aún gobernador priísta de Veracruz, Javier Duarte, acusado de diversos actos de corrupción.

Los priístas, desde la simple militancia o desde el más alto cargo público, combatiremos la corrupción y la impunidad con el señalamiento, con la denuncia; “venga de quien venga o milite donde milite”.

El presidente Peña Nieto ha sido claro, lo reiteró esta misma semana: “Creo que si realmente queremos avanzar en el combate, entre otras cosas, de la corrupción, tenemos que hacerlo, no por razones de oportunismo político, de revanchismo político sino, realmente, porque estemos seria y genuinamente comprometidos en cambiar el modelo que rige el actuar de las instituciones del Estado mexicano, de los agentes políticos y de los agentes sociales.”

Y los priístas estamos convencidos, como parte de las instituciones nacionales y como políticos activos, de que hay que cambiar el modelo. Hacerlo acorde a las exigencias de los mexicanos, con transparencia, en democracia y justicia.

*Senador.