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Profesión escritora

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

La Madre en la literatura

El vínculo de una madre y sus hijos es —quién lo duda— un tema omnipresente en la literatura. ¿Qué más se puede escribir sobre la relación más fuerte, permanente y determinante que una persona puede tener? Mucho. Todavía corren torrentes amazónicos de tinta porque cada madre tiene un nexo único con cada una de sus hijas e hijos. Basta leer casi cualquier título escrito por una mujer (porque, aunque no sea madre, sí es hija) para encontrar un acercamiento a la gestación, parto y crianza. Cada una de las escritoras mexicanas, desde las del lejano siglo XIX hasta quienes ayer publicaron, escriben sobre ser madre, ser hija y ser nieta en libros de autoría individual, antologías y estudios críticos.

Amadísimas

La madre mexicana es el prototipo de la mujer destinada cumplir la función natural de la reproducción, pero con una entrega tal que llega a anularse voluntariamente como persona en favor de sus hijas e hijos. Madres jovencísimas, madres maduras, madres añosas o viejas, madres adoptivas… la condición que se nos ocurra no basta para ejercer la maternidad de forma ejemplar. Sus contrapartes literarias, las protagonistas, narradoras y personajes, narran la maternidad desde perspectivas tan diferentes como singulares son sus experiencias, pero con un denominador común, el gran amor —gratuito, espontáneo y perdurable— de las madres mexicanas.

– Maternidad mexicana

La representación de la madre tiene el amplio registro que va desde la madre heroica, pasa por la madre luchona y trabajadora hasta la madre profesional, intelectual, académica y liberal en todos sentidos. Pasan del “deber ser” impuesto por el estado, la iglesia y la educación al “soy… si quiero”. Las madres afectuosas, cercanas y devotas de sus hijos, presentes en la historia literaria de México, hoy se transforman en madres de “tiempo de calidad, no de cantidad”, cuyos efectos aún no son mensurables. Las nuevas madres en la narrativa tienen exigencias de desarrollo personal, pasan de ser figuras secundarias en su propia vida a elegir ser protagonistas, aunque se lleven entre los cascos los ideales maternales del siglo pasado, guión de vida obligado, hoy es solo una opción.

Las madres generosas y dedicadas son la gran mayoría.

Las madres generosas y dedicadas son la gran mayoría.

– Madres solas

El gran ausente en la literatura mexicana sigue siendo el padre. Madres solteras, abandonadas, divorciadas y viudas. Madres solas con sus hijas e hijos. Desde “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, hasta las obras recién publicadas, la madre y sus hijos luchan juntos, progresan, se desarrollan y triunfan.

El estereotipo de la madre abandonada sufren una transformación positiva, deja de ser estigma para ser una nueva forma de vida, en ocasiones elegida desde el principio otras asumida como un desafío involuntario. Pero ellas, las madres solas, se crecen ante la adversidad para ser supervivientes, ni santas y mucho menos perfectas, mujeres con requerimientos eróticos y sexuales, le guste o no al canon hegemónico. Las madres solas en la literatura no viven solo para sus hijos, también tienen aventuras, estudian, se preparan, viajan, tienen amigas y amigos, tiempo para ellas y sus sueños.

– Las abuelas

La madre de la madre o del padre, irrumpe con fuerza en la narrativa de jóvenes autoras mexicanas como figuras de sostén emocional y, frecuentemente, de apoyo económico. Mientras las madres trabajan, son las abuelas quienes crían a las nietas y nietos para asumir un papel primario en la crianza… todo porque el dinero, en la ficción como en la realidad, no alcanza.

– Temas pendientes

Dentro de la maternidad y la relación con los hijos noto un vacío literario (o no he tenido la oportunidad de leerlo), es la etapa del embarazo y su pérdida, sea ésta natural o provocada. Los diferentes géneros literarios, sean narrativos, poéticos o cualquier otro, parecen saltarse sin más los nueve meses de la gestación sin detenerse a escribir sobre este periodo aún virgen para la literatura mexicana. Asimismo, la interrupción deliberada o espontánea, con todas las implicaciones, personal, social y religiosa, tampoco ha sido tema predilecto de las madres que escriben.

– Madres angelicales, madres diabólicas

Por suerte, las madres generosas y dedicadas son la gran mayoría, tanto en la vida real como en la ficción literaria. Sin embargo leí un libro de Javier Tomeo titulado “Amado monstruo” publicado en 1985. El escritor aragonés recientemente fallecido, con minimalismo estético retrata la incursión de Juan D., un hombre maduro al mundo laboral. Previamente a la entrevista de rigor para trabajar en un banco alemán, la narración deriva hacia la relación del narrador y su madre, el supuesto monstruo. Un ser absorbente, manipulador y egoísta, sin ser su obra maestra, “Amado monstruo” expone una madre asfixiante, un ambiente lúgubre y una relación sin futuro, quién sabe, porque el final es abierto, si Juan D. logra liberarse de su amado monstruo.

¡Feliz Día de la Madre!