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Profesión escritora

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

Poesía hecha en México

Las antologías de poesía mexicana preparadas por Juan Domingo Argüelles son reveladoras por muchas razones, entre ellas por la gran calidad de los poemas seleccionados, pero lo más elocuente para mí es encontrar tantas poetisas, en otras palabras, la mujer mexicana expresa sus emociones ante las transformaciones sociales y culturales en nuestro país. Cómo vive hoy, qué la motiva, qué la mueve en su vida, qué espera del amor, de la maternidad, de la vida en pareja; de lo que hoy significa ser mujer, pensar y escribir en verso.

JÓVENES POETAS

Tan jóvenes como las alumnas de secundaria, ellas leen y escriben poesía para pensarse y reflexionar. Aceptan la creación ajena de sus predecesoras, la incorporan y metabolizan en su propia reflexión poética. En los talleres de lectura intentamos leer poesía escrita por poetisas mexicanas para incentivar en ellas un talento creativo latente. Entre las poetisas que leemos en clase están Elsa Cross, Malva Flores y Coral Bracho, además de los poemas antologados por Juan Domingo.

ELSA CROSS

Ha construido sin descanso, a lo largo de más de medio siglo, una obra sólida recogida en numerosos libros de poesía. Su poesía pertenece a la tradición más decantada de nuestra literatura (se formó en el taller de Juan José Arreola). Es dueña de una voz sumamente fina y sugerente que ha tendido puentes poéticos entre la historia, la mitología, las religiones y las cosmovisiones de México, Grecia, India y muchos otros extremos de nuestro mundo.

INSOMNIO

Su obra ha estado guiada por una curiosidad sin fronteras en busca de la claridad de la poesía. En este libro, Elsa Cross narra las estaciones poéticas de una larga travesía por el insomnio y sus vasos comunicantes con el abismo y la irrealidad. Si el miedo la contrae / va la mente por una cuerda floja / en el insomnio de una noche que no acaba. / Se vuelve abismo todo pensamiento / y seguirlo es caer a un fondo oscuro. Desde estados de conciencia acrecentada los poemas de Insomnio se internan en zonas de niebla, involucionan hasta un tiempo fosilizado o caen a los inframundos de la pasión, la violencia y la muerte, para salir finalmente a otra orilla donde la conciencia misma, el tiempo y el lenguaje se extinguen disolviéndose en luz. Con un amplio rango de recursos formales y fincado en persistentes consonancias y aliteraciones, el ritmo del poema enfrenta y sortea “las fisuras imposibles”, “la nota en discordia” y “la zarpa taimada” del insomnio, ciñendo los 13 cantos que lo componen a una forma casi clásica. Elsa Cross ha logrado, con este Insomnio, un libro fascinante y desafiante que invita siempre a volver a él.

¿AQUÍ ES GALÁPAGOS?

Se pregunta Malva Flores a lo largo de este insólito libro de poemas. Lejos de constituir una novísima Atlántida, una actualización, quizá, del Xanadú que Coleridge vislumbrara en sueños, las islas Galápagos son aquí, como lo fueron para Darwin a bordo del Beagle, el punto de partida para una redimensión del hombre en su microcosmos terrestre. “Estoy completamente convencido escribió Darwin en El origen de las especies, cuya redacción fue gestada en aquellas islas de que las especies no son inmutables y de que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directas de alguna otra especie, generalmente extinguida, de la misma manera que las variedades reconocidas de una especie son las descendientes de ésta.” Si las especies de la naturaleza no son inmutables, mucho menos las que se reproducen en el hábitat de la poesía. Galápagos asume tales principios evolutivos con una inteligencia e ironía formales que no desdeñan la amargura y la desorientación como vías de conocimiento. Pero todo conocimiento supone una travesía y, con ella, el exilio.

¿UN LUGAR: MARFA, EN TEXAS?

Y una mirada forastera que lo recorre apacible, deteniéndose solo el tiempo necesario; como si quisiera, rozándolos apenas, nombrar los seres y las cosas que lo habitan. Una contemplación en mudanza y asombro permanentes, por instantes idéntica a la vida que ahí, en ese espacio, alienta. En este nuevo libro, Coral Bracho se interna por esa “tierra de larguísimas sombras” llevando la luz indispensable, la claridad de su palabra. La poesía es entonces un ímpetu sosegado, una vibración, un estado del alma, y traza espléndidas minucias que se desvanecen en el aire, mientras su hondura, su tenue realidad, nos toca y se queda.

TRES ÁRBOLES

Un ciprés, un enebro y un pino, son los ejes imantados en torno a los cuales transcurren las cosas: los errabundos camiones, las lentas trocas, un largo e inolvidable tren como un “animal que huye”; voces de niños y de pájaros, insectos, la menuda hierba, algunos trastos, flores a veces, una ventana desde la que alguien toma nota puntual de todo esto, convirtiendo cada apunte en un testimonio de vida. Más allá, el horizonte, la inquietante lejanía. Marfa, Texas es un “espacio de infinitud que se abre, como una pequeña casa”. Y la casa en la poesía de Coral Bracho está abierta, nos permite entrar sin pedirnos más que una apertura semejante. Hay que pasar por ella como quien va, sin llevarse nada, conservándolo todo.

LA CREACIÓN PROPIA

Difícilmente parte de cero, es decir, hay que leer poesía para crear poesía, narrativa o, incluso, ensayo. Colaboraciones indispensables de quienes nos han precedido en la elaboración por escrito de las cuestiones existenciales y las que hoy nos convocan los nuevos desafíos. ¡Lee poesía!