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Profesión escritora

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

  • Ellas leen y escriben

Ellas son las alumnas de una secundaria en el Estado de México. En el taller de lectura leímos en este ciclo escolar, ya próximo a finalizar, Los días de Emma, de Gilma Luque; El libro salvaje, de Juan Villoro y La decisión de Ricardo, de Vivian Mansour. Los tres escritores son mexicanos, observan con interés los cambios socio culturales de nuestra comunidad, especialmente aquellos que afectan a las familias en la relación mamá, papá e hijas. Sin proponérmelo, al elegirlas como material de lectura, en estas novelas los papás de Emma, Juan y Ricardo están a punto del divorcio. Los juveniles protagonistas tienen las mismas preocupaciones de mis alumnas: ¿mis papás se van a divorciar para siempre?, ¿nunca vamos a volver a vivir juntos?, ¿con quién me quedo?, ¿a quién le demuestro lealtad?, ¿hay vida después de un divorcio?
PRIMERO A LEER

La directora de la escuela, maestra Griselda Ramírez Gutiérrez, aceptó la propuesta de leer libros interesantes, escritos en mexicano (no malas traducciones provenientes de la península), libros que les hablaran de su contexto, de intereses cercanos a ellas, no de libros distantes en temas y contextos como los inverosímiles títulos incluidos en los programas de nuestro sistema de escolarización, que más bien cumplen la función de alejar para siempre los libros en las vidas de estas niñas.
LA DECISIÓN DE RICARDO

Con base en La decisión de Ricardo, implementé un recurso que me funciona bien a mí misma para comprender a fondo los diferentes niveles de significado de un cuento o novela: leer y escribir sobre el libro. La novela de Mónica Mansour trata la epidemia de desamor en los matrimonios con repercusiones —con frecuencia nefastas— para los hijos. Ricardo, el protagonista, es un niño de 13 años que transita la separación de su mamá y su papá confundido al ver que su mamá llora, se queda en casa y se deprime, en tanto su papá vive la separación con aparente ligereza porque hasta novia tiene y aparece en la narración besando a la nueva “mamá” para consternación de Ricardo; pero el tránsito del protagonista tiene un final de esperanza para las hijas de divorciados: se puede vivir y ser feliz después de la desintegración familiar.
AHORA, A ESCRIBIR

Leer es fácil, escribir es otra cosa. Las lectoras de La decisión de Ricardo tenían en el libro de Vivian Mansour una guía para redactar un episodio de su vida que les hubiera representado pensar, buscar orientación o consejo y decidir como lo hizo Ricardo, sus escritos me sorprendieron porque coincidieron en la recurrencia de familias desintegradas, hijas e hijos varados sin saber qué hacer… qué decisión tomar.
SUS FAMILIAS

Motivadas por las tres novelas vencieron la resistencia natural a la escritura. Planearon cómo poner en negro sobre blanco alguna situación importante de sus vidas, tienen 14 años y una dotación temática demasiado abundante para su corta edad. El tema compartido por todas fue la familia o la falta de comunicación pero principalmente la fractura de la pareja, es decir, casi todas contaron la separación de su mamá y su papá. Unas familias llegaron al divorcio, solos dos de estas incipientes escritoras narraron reuniones posteriores a la infidelidad de pareja. Una de ellas, a quien llamaré Marcela, fue testigo del alejamiento emocional de sus padres, de la infidelidad de parte de su mamá y, finalmente, vio junto a sus hermanos cómo su padre descargó su frustración golpeando a su mamá hasta casi masacrarla. Marcela pensó intentar detenerlo, pero pudo más el miedo, corrió a esconderse hasta oír el portazo liberador del castigo. La narración continúa con detalles demasiado gráficos para repetirlos aquí. Escribir cumplió su vocación a la vez terapéutica y catártica, cada una de esas jóvenes escritoras me comentaron haber dejado en el papel cuando menos una parte de su angustia y confusión.
¿QUIÉN DIJO QUE LA VIDA ES JUSTA?

Emma, de Los días de Emma; Juan, de El libro salvaje y Ricardo, de La decisión de Ricardo, resultaron ser miradas especulares de mis alumnas, me parece como si Gilma Luque, Juan Villoro y Vivian Mansour pudieron extraer la esencia del tránsito, complicado y callado, de estos años decisivos. Los tres protagonistas y narradores comparten con mis alumnas situaciones fuera de su control. Sin proponérmelo los tres libros resultaron muy motivadores para ellas porque se hizo evidente que la vida dista mucho de ser justa y, con frecuencia, nos pide elegir entre dos lealtades; la decisión de cada una de estas jóvenes lectoras y escritoras respondió a un ejercicio, si quieres muy elemental, pero de incipiente autodeterminación. Leer y escribir son actividades que promueven la reflexión, estos títulos resultaron excelentes motivadores, al mismo tiempo que recursos para ver que la vida puede ser difícil, pero vale la pena vivirla porque si Emma, Juan y Ricardo pudieron, ellas también podrán progresar a pesar de que la vida las colocó frente a disyuntivas inesperadas.