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Profesión escritora | Andrea Balanzario

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

“Los besos en el pan”,

Almudena Grandes

La escritora siempre había elegido el pasado como escenario de sus novelas, “Los besos en el pan” relata la crisis económica y política en España. Los grandes cataclismos sociales llaman la atención de esta madrileña, desde la posguerra española con sus intangibles pero contundentes efectos hasta este nuevo desastre, el paro, la falta de dinero, la competencia desleal con grandes intereses. Los personajes de esta nueva novela de Almudena Grandes parecen destinados a vivir con un mínimo de satisfactores esenciales pero con dignidad y alegría, porque este libro no es triste. Para nada.

Almudena Grandes.

Almudena Grandes.

Grandes se dio a conocer con una bomba editorial. “Las edades de Lulú”, insólita e irreverente novela de iniciación con la que ganó el premio La Sonrisa Vertical de narrativa erótica convocado por Tusquets; traducida a veintitantas lenguas con más de un millón de copias vendidas en todo el mundo. Siguió una novela sin mucha suerte, “Te llamaré viernes”, para volver a sacudir el ambiente con “Malena es un nombre de tango”, le siguieron “Atlas de geografía humana”, “Castillos de cartón”, “El corazón helado”, una colección de siete relatos breves titulada “Modelos de mujer”, luego “Inés y la alegría”, “El lector de Julio Verne”, “Las tres bodas de Manolita” para publicar apenas hace unas semanas “Los besos en el pan”, todos con el sello Tusquets.

-Novela coral

Son varias las voces del Barrio Bilbao en Madrid quienes expresan temor ante la posible recaída en la brutal miseria de la posguerra, hoy la guerra también es fratricida, pero silenciosa, es una pugna desigual desde el poder político y los españoles de a pie. Esta nueva crisis empobrece a la sociedad entera; competencia desleal, acelerado envejecimiento y pérdida de niveles de vida con un mínimo de decencia. Esta guerra se libra en las arenas financieras y políticas pero sus efectos la perciben estos personajes en su lucha diaria. Los escenarios son una peluquería, lo que en México es un salón de belleza, un bar donde el propietario se resiste a ofrecer solo agua a sus parroquianos y no le molestaría vender una cerveza de vez en cuando, y varias familias cuyas abuelas y abuelos, los que vivieron el frío, hambre, enfermedades y muerte de la guerra, son ahora viva representación del espíritu de lucha para motivar las generaciones “en paro” casi irremediable.

-¿Y los jóvenes?

Más que las redes sociales que ya son parte integral de la narrativa del mundo entero, son las redes familiares, especialmente abuelas y abuelos, los que contienen el malestar, el sufrimiento y desesperanza de millones de anónimos personajes que extraen hasta el último gramo de valentía para pedir y aceptar ayuda con tal de no naufragar.

-Crónica de la Crisis

“Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo. Mi barrio tiene calles irregulares. Las hay amplias, con árboles frondosos que sombrean los balcones de los pisos bajos, aunque abundan más las estrechas. Estas también tienen árboles, más apretados, más juntos y siempre muy bien podados, para que no acaparen el espacio que escasea hasta en el aire, pero verdes, tiernos en primavera y amables en verano, cuando caminar por la mañana temprano por las aceras recién regadas es un lujo sin precio, un placer gratuito. Las plazas son bastantes, no muy grandes. Cada una tiene su iglesia y su estatua en el centro, figuras de héroes o de santos, y sus bancos, sus columpios, sus vallados para los perros, todos iguales entre sí, producto de alguna contrata municipal sobre cuyo origen es mejor no indagar mucho. A cambio, los callejones, pocos pero preciosos, sobre todo para los enamorados clandestinos y los adolescentes partidarios de no entrar en clase, han resistido heroicamente, año tras año, los planes de exterminio diseñados para ellos en las oficinas de urbanismo del Ayuntamiento. Y ahí siguen, vivos, como el barrio mismo.

-Personajes entrañables

Pero lo más valioso de este paisaje son las figuras, sus vecinos, tan dispares y variopintos, tan ordenados o caóticos como las casas que habitan. Muchos de ellos han vivido siempre aquí, en las casas buenas, con conserje, ascensor y portal de mármol, que se alinean en las calles anchas y en algunas estrechas, o en edificios más modestos, con un simple chiscón para el portero al lado de la puerta o ni siquiera eso. En este barrio siempre han convivido los portales de mármol y las paredes de yeso, los ricos y los pobres. Los vecinos antiguos resistieron la desbandada de los años setenta del siglo pasado, cuando se puso de moda huir del centro, soportaron la movida de los ochenta, cuando la caída de los precios congregó a una multitud de nuevos colonos que llegaron cargados de estanterías del Rastro, posters del Che Guevara, y telas hindúes que lo mismo servían para adornar la pared, cubrir la cama o forrar un sofá desvencijado, rescatado por los pelos de la basura, y sobrevivieron al resurgir de los noventa, cuando en el primer ensayo de la burbuja inmobiliaria resultó que lo más cool era volver a vivir en el centro”. Lee “Los besos en el pan” y las demás novelas de Almudena Grandes, en cada una se renueva como lo que es, una acuciosa cronista de su tiempo.