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Prohibido enfermarse

  • Alejandro Díaz

Esta frase es muy conocida por todas las madres. En especial por las que son cabeza de hogar en ambientes de escasos recursos. Podrán tener fiebre y dolores, pero jamás aceptarán estar enfermas, pues saben que sin su actuar y su cariño no saldrá adelante la familia. Aun si no trabajan fuera de casa, el orden y la limpieza solo se mantendrán gracias a ellas, así como que salgan adelante hijos, marido y hasta los progenitores.

Si además trabajan para mantener a la familia, con mayor razón se prohíben enfermarse y niegan reconocer mal alguno, por lo menos hasta que su cuerpo ya no pueda soportar. Enfermarse puede, además, suponer dejar de percibir un sueldo necesario para el sustento de la familia, y aunque esté registrada en el Seguro Social, dejar de percibir la entrada de los tres primeros días es fatal para las finanzas familiares. Si además por su trabajo tiene otras entradas, como propinas, el hoyo financiero es mayor. La autoprohibición de enfermarse está muy extendida.

Pero hay otras prohibiciones de enfermarse que abarcan no sólo a los que viven al día, sino también a la población en general, como sucede en varios países de América Latina. Sea por falta temporal -o crónica- de medicinas, de médicos o porque el sistema de salud falla en ciudades, regiones, incluso países enteros, sufren por carencias del Sector Salud.

Lo mismo en Paraguay que en Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y casi todos los países centroamericanos, los retrasos en atención primaria, y la aún más complicada de requerir un especialista o medicinas, lleva a sus habitantes a prohibirse enfermar. También en México pasamos por crisis temporales o locales de escasez de medicamentos, de doctores y de camas de hospital, por no hablar de especialistas capacitados. Por mucho que haya mejorado el Sector Salud, hay carencias puntuales (temporales o permanentes) que llevan a la población a prohibirse enfermar.

Incluso en Argentina, el único país de América Latina que alguna vez -hace un siglo- formó parte del club de los países más ricos del mundo, buena parte de la población también se tiene que prohibir el enfermarse. Aunque tienen servicio público de salud, el burocratismo es desastroso y humillante para quienes lo utilizan. Hay restricciones de atención y obligación de sacar ficha previa. Si requieren un especialista, sufren un calvario para lograr la cita. No siempre se suministra la medicina y por tanto deben adquirirla con sus recursos.

Pero nada se compara con lo que sucede en Venezuela. Las décadas de autoritarismo han pasado ya factura a la población. Falta casi todo: alimentos, bienes de consumo, repuestos, refacciones, y por supuesto medicinas. Uno de los sectores más afectados es el de la Salud. Sin importaciones y con el cierre de farmacéuticas en el país, carecen de prácticamente toda medicina. Habiendo médicos y enfermeras, no hay intervenciones quirúrgicas por falta de material, equipos y medicinas. Hay atención al público y consultas, pero si recetan no hay medicinas en el sistema ni en las farmacias. Tienen que recurrir al mercado negro, al trueque de medicamentos o viajar a Colombia (el país más cercano) a buscarlas.

En Venezuela la prohibición de enfermarse afecta ya a buena parte de la población, y el gobierno no puede actuar por ineficiencia, incapacidad y corrupción. No dejemos que en México llegue nunca un sistema autoritario que nos lleve a que las carencias médicas nos prohíban enfermarnos.

daaiadpd@hotmail.com