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Propaganda de rencor

  • Camilo Kawage

1.- La mala fe es uno de los principales ingredientes de la descomposición política que impera este día en el mundo y en México, muy por encima de la torpeza o la candidez con que se intente mitigar la sevicia. A ninguno de los personajes que han destacado a últimas fechas por su voluntad unívoca de engatusar a los votantes con la imagen ensoñadora de los propios cielos y ensartarlos en la fantasía totalitaria de su solo ser supremo, se le percibe un ápice de ingenuidad o de franqueza. Interpretar la polarización por la dispersión que produce el encono entre la sociedad como obra del genio político, lo constata la Historia, resulta siempre pernicioso y regresivo para los pueblos y su identidad, y revierte siempre a la ignominia de los líderes –que es exactamente lo de menos-.

2.- Cómo tardan las culturas en aprender de sus errores, acaso al costo de generaciones enteras traicionadas en la emboscada de sus engaños. Uno o dos Maduro; uno o dos Trump, una o dos Le Pen. En su tacaño afán de destruir para quedarse con los despojos, primero generan un clima de pánico y miseria por vía de la propaganda avasalladora a la que la población suele ser vulnerable, y de la que casualmente la única salida hacia la redención es su próvida mano y su divina inspiración, y luego venden el espejismo para instaurar su régimen único de subyugación y miedo. Ésa es la avidez del poder.

3.- Con frecuencia el observador repara en amalgamas que parecen forzadas: si Venezuela y Francia se antojan tan distintos en tantos rasgos, qué los identifica; una cayó en el engaño, eligió libremente a Chávez y sigue votando por él y no encuentra la salida, ahogada en un petróleo que no puede aprovechar y sumida en el pavor del yugo, el hambre y la enfermedad. La otra ha estado a punto de caer en una dictadura de ultraderecha que terminaría de fracturar a los franceses y a Europa. Odiosas comparaciones, por todo el odio fratricida que conllevan, la ruptura y la sinrazón.

4.- Qué tiene que ver Estados Unidos; que el modelo más acabado de la democracia de autor, el sistema más perfecto de Gobierno y el más constreñido en sus poderes, ha caído en las garras de un desaforado cuya única visión de la humanidad es la suya propia. Que como eje de un mundo del que tantas cosas dependen más allá de la compraventa y la riqueza de las naciones, ha sido factor de equilibrio de los extremos, a saber la Unión Soviética –la de antes y la de ahora-, y de China –la de siempre-. Al búfalo de la Casa Blanca no le aplican atenuantes de cándido o inexperto; sabe demasiado bien lo que representa, los intereses que defiende y los riesgos que corre.

5.- Más acá del mapa de los referentes, el baluarte de las instituciones y el arraigo de la cultura, los problemas de México tienen toda su proporción guardada –más bien muy a la vista-. Tenemos hace veinte años al mismo líder amenazante, provocador y sedicioso que se niega al paso de los tiempos; que depreda irreductible de la candidez del descontento popular y domina el quehacer público desde las heces de su ignorancia, sin más ideología que quebrar el orden establecido para paladear las ruinas. En ese panorama, parece hasta pueril pensar a los candidatos en que se retrata, como la dama que exaltaba a Yasser Arafat en Texcoco y que no hila una frase por sí sola.

6.- No perdamos la proporción, ni dejemos llevarnos por el miedo. Se trata solo de abrir los ojos, mirar con cuidado y entender que el piso que pisamos es más firme que las promesas del rencor y el espejismo de la venganza; que la propagación del odio acarrea infortunio y desdicha entre los hermanos.
camilo@kawage.com