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Propuesta para el PAN

  • Juan A. García Villa

Juan A. García Villa

Apenas siete años después de su fundación, el Partido Acción Nacional, en 1946, tuvo su primer grupo de diputados federales. Estos legisladores pioneros panistas, en número de tres, tuvieron al mejor asesor que jamás grupo parlamentario alguno podrá tener en nuestro país: Manuel Gómez Morín. Nada menos que el gran diseñador de la moderna legislación de México (fiscal, bancaria, agrícola y de seguridad social), así como constructor de instituciones, de manera relevante el Banco de México, entre otras.

Esos primeros diputados federales panistas se distinguieron por la presentación de sólidas iniciativas de ley, principalmente en el orden económico, pero no solo, perfectamente viables y lúcidamente redactadas, que o bien fueron desechadas o jamás dictaminadas.

Fue una inicial, estupenda diputación federal panista gracias principalmente al trabajo personal de Gómez Morín. Tuvo sin embargo, ese grupo una virtud adicional: estableció las bases de una magnífica escuela parlamentaria, que conforme pasaban las décadas –cinco, seis- respondía muy bien a las exigencias legislativas del panismo. Hasta que llegaron los “moches”, las ambiciones y las componendas.

Fue una escuela sin aulas, ni local ni cursos específicos prediseñados. Pero muy eficaz. Formó –creo que muy bien- a varias generaciones de legisladores panistas. Así, quienes llegaban por primera vez a la Cámara, estaban razonablemente bien enterados de los tradicionales debates anuales (“glosa” del informe presidencial, paquete fiscal, proyecto de presupuesto de egresos y el candente debate de la cuenta pública). Claro, más la legislación relevante del momento.

Sin local ni aulas, ¿cómo entonces se formó y funcionó durante décadas esa escuela parlamentaria? Por diversas e informales vías. Una, tal vez la más relevante, por las extensas y bien elaboradas crónicas legislativas que entonces La Nación, la prestigiosa revista partidaria, solía incluir en sus páginas, donde también se publicaban los textos de las principales iniciativas propias con sus respectivas exposición de motivos, que igualmente se reproducían en una abundante folletería –gran riqueza documental, hoy olvidada- de la que estaban muy al pendiente de recibir, leer y estudiar los militantes panistas de todo el país.

La formación se completaba con pláticas, talleres y conferencias que sobre historia, derecho, economía y temas sociales entonces nunca faltaban en los comités panistas. Hoy difícilmente puede decirse lo mismo.

¿A qué viene lo anterior? A algo muy obvio y de graves consecuencias. Cuando se produjo la alternancia en el año 2000, es un hecho que el panismo carecía de cuadros técnicos para hacerse cargo de las diversas áreas de la administración pública federal. Por ello dependió en exceso del priísmo. El problema es que si en 2018, como se espera, vuelve a ganar la Presidencia de la República, estará el PAN casi como hace dieciocho años. Queda poco tiempo para atender este punto. Algo debe hacerse al respecto. Pero éste, es otro tema.