imagotipo

Protagonismos / Una Tras otra / Jaime Alcántara Silva

  • Jaime Alcántara

Una vieja canción de Chicago: “It’s hard for me to say I’m Sorry” (Es difícil para mí decir lo siento), puede ser una referencia, para los tiempos que vivimos.

Leemos: El sector industrial propuso poner en marcha un plan de reactivación económica que no eleve el gasto público ni ponga en riesgo la estabilidad macroeconómica o el control de la inflación, pero que permita que el país crezca por encima del 3 por ciento en 2016. Manuel Herrera Vega (…) advirtió que ante el descenso de la producción industrial, el efecto de la depreciación del peso en la planta productiva y la cautela del consumidor mexicano, la economía mexicana crecerá solo 2.5 por ciento y generará 640 mil empleos el siguiente año.

En efecto, el dirigente empresarial tiene mucho de razón. Es cierta buena parte de su diagnóstico, pero algo falta.

A la llegada del nuevo régimen, se dijo: No vengo a administrar a México, lo vengo a transformar. Eso sonó como a vanidad, a petulancia, a presunción. Y puede ser cierto.

Pero también cierto es, que algunos de los efectos de aquella frase de batalla es que están dando resultados.

Rememoranzas de aquel gran político mexicano Jesús Reyes Heroles, nos hacen caer en cuenta que la historia tiene una constante. Y en la materia, nos dice que el Estado no puede satisfacer a todos. Así de sencillo.

Las reformas no son bien vistas por tod@s. Ni modo que a la CNTE le guste la educativa; a las empresas que se vieron afectadas, la de comunicaciones, etc. Es real, el Estado (el Gobierno) no puede dar gusto a todos. “No soy monedita de oro”, dijera la otra canción.

Así el pronunciamiento empresarial, con el que inicio. En el texto no encontramos algún asomo de resentimiento, de frustración, de desengaño; lo cual nos lleva a pensar en que, no obstante lo que enuncia, acerca del bajo crecimiento, de la situación mundial, la sensación es que vamos bien.

A cuántos tiburones se echaron encima Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray…, con las conocidas reformas. A cuántos dañaron, en aras de un mejor porvenir, para la mayoría de los mexicanos. Quiénes los tendrán en la mira, para que a la menor oportunidad “se les vayan a la yugular”. Y ¿aquellos que se vieron, y se verán, beneficiados? ¿algún día reconocerán estos avances?

Y no se trata de un asunto maniqueo, donde necesariamente unos ganen y otros pierdan. No. Es la verdad, que se ciñe cuando se trata de un asunto de Estado. Ya sea una legislación, una regulación, un acuerdo. Esto es, determinaciones de distintas caras del Poder Público, pero con la responsabilidad de hacer caso a una necesidad sentida, a un reclamo social.

Alguna vez, Manuel Bartlett, ahora metido a crítico del Gobierno, decía: “el que no quiera sentir calor que no se acerque al fogón”. Esto, en relación a acres comentarios que le hacían las izquierdas.

Y, tenía razón. Si no, veamos una experiencia latinoamericana. Recién tomó posesión el nuevo Presidente de Argentina, bajo el manto de la legalidad, cuando ya millones de sus compatriotas lo empezaron a desconocer. Por tanto, no es casual lo que sucede en México.

Pero la pregunta es, para los beneficiarios de las Reformas ¿alguna vez se han reconocido los esfuerzos, los trabajos, las animadversiones naturales que se ganaron los promotores de ellas, el talento para que hoy tengamos la más baja inflación de la historia, crecimiento razonable, en relación a la economía mundial, empleo?

¿Y, qué hay cuando estos personajes son sujetos de acusaciones, de filtraciones; alguna mano, alguna voz, los defiende?
jaimealcantara2005@hotmail.com