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Puentes, no muros / Mireille Roccati

  • Mireille Roccatti

“vincitqui se vincit” **

La histórica visita del presidente estadunidense Barack Obama a Cuba específicamente a La Habana, será sin duda, un acontecimiento recordado por mucho tiempo, no solo en ambas naciones involucradas, sino en la historia de esta primera centuria del tercer milenio, como un hecho simbólico que significó tanto el entierro de los últimos rescoldos de la Guerra Fría, como la construcción de una nueva globalización geopolítica sin ataduras ideológicas irreductibles.

El contexto en que se presenta tiene también otra carga simbólica, estamos testimoniando como en las elecciones primarias de Estados Unidos, uno de los candidatos ha hecho de la xenofobia racista el eje de su campaña y ha prometido construir muros especialmente en su frontera con México, reconstruyendo una visión superada del “gran garrote” de “América para los “americanos” de aislacionismo comercial, la de la gran potencia convertida en “policía del mundo”, porque en su inmensa miopía política no ha entendido que el mundo ya cambio y con él Estados Unidos.

La clase política en su mayoría, los intelectuales y los grandes trust financieros comerciales de esa gran nación que es la estadunidense han comprendido y entendido los cambios, en buena parte impulsados por ellos mismos. Por eso no sorprende que Obama en congruencia con el viraje diplomático que echo la última paletada de tierra a la equivoca posición de aislar a Cuba, bloquearla económicamente y segregarla del resto de los países, como producto de la Guerra Fría posterior a la segunda guerra mundial; haya visitado la isla caribeña, 88 años después de que un presidente norteamericano lo hiciera en 1928, a bordo de un buque de guerra.

Así esta visita privilegia el dialogo, la construcción de acuerdos, la erección de puentes frente a la irracional de construir muros, los que a lo largo de la historia nunca han funcionado y menos ahora con los vertiginosos cambios tecnológicos. Es momento de reconocer la valentía y el carácter férreo de Obama, así como su coherencia con esta decisión de acudir a Cuba, en consonancia con la reanudación de relaciones y el reciproco izamiento de banderas, ya vendrá para el futuro próximo, el fortaleciendo de los incipientes intercambios comerciales, la inversión, la normalización del turismo y, luego les guste o no a los extremistas de ambas partes, el reencuentro de las familias separadas.

Es también previsible que este “deshielo” tenga sus imponderables y sus tardanzas. La desocupación de Guantánamo, será una negociación que los “halcones” estadunidenses, no querrán, como tampoco el levantamiento del embargo comercial sin cortapisas. Por otra parte, del lado de enfrente, se reclamarán reformas políticas que permitan los partidos políticos, una democratización de la vida pública, se usarán de bandera los derechos humanos y los más viejos la indemnización de los bienes expropiados por la revolución.

Todo deberá formar parte de las negociaciones bilaterales y no se arreglará en semanas lo que se enconó en más de medio siglo. El papel de la Iglesia católica cubana será importante para avanzar y atemperar el proceso. Las negociaciones, será usando el símil, como un partido de béisbol, deporte que como se sabe también estuvo presente en este episodio, y sirvió como catalizador de unidad y concordia en tanto factor sociológico que une a estos pueblos. Poco habremos de vivir, quienes no veamos la transición del “yanqui go home” al “yanqui welcome”. Finalmente habrá que recordar que Cuba como México, siempre será vecino de Estados Unidos. Y a nadie conviene pelear con sus vecinos.
**”Vence el que se vence a sí mismo”