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Pugna

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

La constitución de Estados Unidos contiene por consenso, antes que por formalidad legal, un propósito en contra de la corrupción electoral, tan eficaz como los principios de separación de poderes, el federalismo y la imputabilidad en cada una de las esferas, ejecutiva, legislativa y judicial.

A partir de las dos elecciones unánimes de George Washington, el Colegio Electoral se transformó en la institución que garantiza que cada Estado de la Federación, sin importar tamaño o población, tenga siempre la misma influencia y el mismo reconocimiento de su representación en el Colegio. Esa institución, el Colegio Electoral, desde entonces no es una estructura funcional cuya eficacia reitere su poder para resolver una controversia en la elección presidencial. El Colegio Electoral es una concepción virtuosa de la igualdad: par in parem non habet imperium –primus inter parem non habet imperium–.Este es el dictum que en el medievo protegía la soberanía de cada Estado mediante la exclusión de alguno que le disputara a otro su poder soberano.

Conviene destacar en estas épocas de incertidumbres electorales que conducen a enfrentamientos ominosos en vísperas de elecciones que en Estados Unidos, con todos sus defectos y virtudes, ninguna entidad con fines políticos particulares tiene capacidad para suplantar el poder de decisión que emana de un conjunto de Estados que pertenecen a una Federación. El líder de una fracción electoral puede imponer sus anticipaciones de Gobierno a un Congreso federal o estatal. Pero el Colegio Electoral ha hecho prevalecer su lucidez en por lo menos tres elecciones: en la de 1824 triunfó John Quincy Adams, a pesar de no haber obtenido la mayoría de los sufragios directos. Andrew Jackson, el invasor de la Florida española, ganó la elección, pero no obtuvo la mayoría de 134 votos requeridos por el Colegio Electoral. El 1876 Ruther ford Hayes ganó la elección en el Colegio por un solo voto, pero perdió la elección directa por 250 mil votos frente a Samuel Tilden. En 1888 Benjamín Harrison obtuvo 233 votos del Colegio Electoral, no obstante que perdió la votación directa por más de 90 mil votos. En la elección del 2000, Al Gore obtuvo la mayoría de votos directos, pero fue George Bush quien lo superó por 25 votos del Colegio Electoral.

Hillary Clinton no es la solución de continuidad en nuestras relaciones económicas, financieras, laborales, de importación y exportación y de respeto recíproco a nuestros compatriotas que cruzan las fronteras legal e ilegalmente. Menos lo es el imprudente e ignorante Donald Trump. La solución la habremos de dar aquí. En vísperas de una gran demanda de fibras duras naturales, al parecer nadie piensa en satisfacer su creciente demanda. Mesoamérica continental, el Istmo centroamericano y el gigantesco cono sur, es hoy un archipiélago de naciones.

La diplomacia no puede continuar siendo un divertimento palaciego de exquisitos cortesanos. Sirve también para promover acuerdos continentales entre naciones que padecen problemas semejantes. No hay otra solución más eficaz que la concertación de acuerdos entre naciones afines para contrarrestar las acciones y omisiones de las docenas de Trumps y de las Hillarys que convergen en las dificultades que padece en mundo contemporáneo. Esas naciones son las que integran la verdadera América continental del centro, el istmo centroamericano y la enorme Sudamérica.