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Punto de vista

  • Jesús Michel

Entender que el anterior esquema de justicia penal mostraba signos de muerte por la corrupción existente, no es difícil. Es más, me atrevería a decir que el cuerpo de juzgadores e impartidores de justicia, no tenía la mínima credibilidad. Con el NSJP todo indicaba que habría un cambio radical en el que jueces y ministerios públicos tendrían que arreglárselas con su salario.

Recordé el mensaje de Benito Juárez: “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala”. Sabemos, usted y yo, de las inmensas fortunas amasadas al amparo del ejercicio político.

En el tema del NSJP, ya en pleno vigor, debo confesar mi sorpresa por sus primeros efectos: la libertad de quienes violaron la ley abiertamente y que se encontraban en prisión. ¿Cómo entender la liberación de los dirigentes de la CNTE, aunque sea bajo la reserva de la ley?… ¿O cómo justificar que Leonor García, exdirectora jurídica del Altiplano, relacionada con la fuga de “El Chapo”, salga?

La tipificación de los delitos en el nuevo sistema varió de manera importante para beneficiar a los delincuentes. Incluso, eso lo saben en la PGR, en donde actúan con sumo cuidado en las aprehensiones y consignaciones. Un error y el que para en la cárcel es el MP.

¿La libertad de criminales es justicia? Dejo la pregunta al aire.