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Punto de vista

  • Jesús Michel

Meses de “diálogo”. En algunos, encabezados por el secretario de Gobernación y en otros por su subalterno. Nunca con el de Educación. Al final del túnel, apareció la soledad presidencial. Sin respuestas al ene número de mesas de negociación, tuvo que ser el presidente Peña Nieto el que diera el manotazo y anunciara la ruptura, esta vez por parte del Gobierno federal, del diálogo con los dirigentes de la CNTE.

A unos días de concluir su cuarto año de Gobierno y entrar de lleno a la sucesión presidencial y ante la incapacidad negociadora que permitiera llegar a acuerdos de sus secretarios de Gobernación y de Educación, no hubo hacia a dónde hacerse: permitir lo que Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño Mayer, con sus equipos de trabajo, dejaron pasar o tomar la decisión de imponer el Estado de Derecho y salvaguardar los derechos humanos de millones de niños y adolescentes. No había opción.

Una verdadera lástima que sea el Jefe de las Instituciones y por tanto de todos los secretarios de Estado, el que trate de arreglar lo desarreglado por décadas. De nada sirvió nombrar a Nuño y que éste mostrara el músculo que se convirtió en soberbia; tampoco incidió la intervención del responsable de la seguridad interior y de la política nacional. Se trató de tiempos perdidos que hoy desgastan a quien no debería estar resolviendo los problemas que corresponden a sus subalternos. Todavía faltan 28 meses para que Peña Nieto deje el mandato que le fue conferido por el voto ciudadano y ya parece ser el solitario de Los Pinos.

Los que cobran como secretarios están en otros terrenos: los de subsistir hasta el próximo año. ¿Lo lograrán?