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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Primera factura…

Toda deuda se tiene que pagar. Y la primera factura ya llegó a Los Pinos: Hillary Clinton no acepta la invitación presidencial y no vendrá a México como lo hiciera Donald Trump. Los esfuerzos, que se dice, realizó Claudia Ruiz en China para tratar de obtener respaldo del equipo de Obama para que la candidata demócrata asistiera a la residencia oficial, fracasaron. Si es que los hubo.

Cinco días después –la información se dio a conocer ayer en la página web de la cadena televisiva ABC- de la “triunfal” llegada del republicano, la candidata Clinton concedió una entrevista que será difundida esta mañana en el programa Good Mornig America y en la que descarta aceptar la invitación y anuncia que está dedicada de lleno a la campaña, a seguir buscando cómo crear empleos y cómo garantizar la seguridad del pueblo estadunidense. Supongo, solamente supongo, que su rechazo fue un balde de agua fría sobre las calientes cabezas que confiaban en la presencia de la que fuera primera dama de EU, como parte del equilibrio político. Todavía en China y antes de emprender el retorno a la patria, el presidente Peña Nieto mantuvo su postura porque México, de “manera inédita” está en el proceso electoral de Estados Unidos. No sabía, por supuesto, que se estaba anunciando en Washington la entrevista con Hillary.

Aquí, primero con delicadeza y después con el cúmulo de información preveniente de las agencias noticiosas, se supo la realidad: doña Hillary no viene y punto.

¿Acaso los gestores de la reunión con el republicano podrán dormir tranquilos? Hay más de dos con insomnio.