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Punto de vista

  • Jesús Michel

  • Jesús Michel Narváez
  • Marchas encontradas…

Hoy hay doble marcha. Una, la que defiende a la familia tradicional. Otra, la que reclama su derecho de ser visible y no criminalizada. Cada cual tiene sus argumentos. Sin embargo, mayoritear al estilo PRI convierte la batalla en desigual.

No prendo ni con mucho inclinar la balanza para ninguno de los lados. Ambos son respetables y todos estamos obligados a respetarlos. En las últimas semanas ha crecido el choque entre ambas corrientes. Por supuesto, en la de las mayorías se realizan marchas multitudinarias. Quizá porque en la comunidad Lésbico-gay no han salido todos del clóset.

Trato de entender las razones por las cuales la Iglesia católica –y algunas otras, pero con marcada distancia la evangélica- ha desatado una verdadera cacería en contra de los matrimonios igualitarios. Y la verdad, no las hallo. Porque se trata de una postura de conciencia, de creencia, vaya, de dogma. Ha quedado claro que el ser humano es propietario de su cuerpo y puede hacer con él lo que le venga en gana. La comunidad Lésbico-gay no lanza ataques a las iglesias ni a las creencias. Simplemente es lo que es y punto.

Las marchas de hoy, desde mi óptica, erróneo haberlas autorizado el mismo día y a la misma hora y por las mismas calles con meta final el Ángel de la Independencia, podrían terminar mal. No quiero ser ave de mal agüero. La forma en que ha escalado el posicionamiento de las mayorías, preludia el intento de avasallar.

Si el propio papa Francisco ha señalado que la tolerancia es una virtud ¿por qué quienes profesan la religión católica no son tolerantes?