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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

 

Duro y a la cabeza…

 

Admitir los desaciertos es algo que sorprende. Sobre todo tratándose de temas políticos y el ejercicio del poder público. Seguramente Enrique Ochoa Reza busca pasar a la historia como un dirigente nacional del PRI que produjo el profundo cambio. Como la bocanada de oxígeno que necesitan los militantes para no deprimirse por las derrotas en las elecciones por el quehacer de los gobernadores.

Para nadie es secreto que la orfandad en que quedaron los mandatarios tricolores al perder el PRI la Presidencia de la República les permitió “liberarse del yugo del Centro” y cada cual comenzó a construir su propio virreinato. Como señores feudales operaron “sus territorios”. Nunca rindieron cuentas, porque nadie estaba por encima de ellos. Por supuesto, los “plebeyos” decidieron rebelarse y darle a otros “nobles” –que en muchos casos resultaron peor que los anteriores- la oportunidad de gobernarlos.

De ahí la importancia de lo que por lo menos en el discurso está haciendo Ochoa Reza. Reconocer que la estrategia de comunicación del Gobierno federal y del PRI ha fallado es algo novedoso. Porque pone los puntos sobre las íes y los acentos en dónde deben estar. Al Presidente de la República le cargan todos los muertos y la reacción para demostrar que nada tuvo que ver siempre es tardía.

Lo he dicho y escrito hasta el cansancio: el Gobierno y el PRI son reactivos y no activos. Como máquinas de ferrocarril bien aceitadas, corren por las vías en línea recta y avanzan con sorprendente acierto. Ah, pero que no aparezca una curva no registrada porque se descarrilan.